La felicidad radica, ante todo, en la salud.
(George William Curtis)

La salud es la unidad que da valor a todos los ceros de la vida.
(Bernard Le Bouvier de Fontenelle)

No cambies la salud por la riqueza, ni la libertad por el poder.
(Benjamin Franklin)

La felicidad para mi consiste en gozar de buena salud, en dormir sin miedo y despertarme sin angustia.
(Françoise Sagan)
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Miopía progresiva


Una de cada cuatro personas es miope, un defecto de visión con base genética, aunque se desconocen los factores ambientales que la activan

Hay quien cree que, una vez superada la adolescencia, los ojos ya están a salvo de una miopía progresiva. La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) supone una de las principales causas de pérdida grave de visión en personas mayores de 50 años. Los oftalmólogos ensayan nuevas técnicas, como la neovascularización coroidea, e investigan con células madre el modo de curar las enfermedades neurodegenerativas de la retina.

Gafas, lentes de contacto e intervenciones quirúrgicas minimizan este problema hasta el punto de asumir unos supuestos de salud visual u ocular imprecisos. Además, existen creencias erróneas alrededor de la miopía, como que aparece como resultado de leer en mala postura y con mala iluminación, ver mucho la tele o trabajar muchas horas frente a una pantalla de ordenador, algo que no es cierto. Es falso, asimismo, que la miopía proteja frente a la vista cansada, o presbicia, y que llevar una graduación hipocorregida (con menos dioptrías de las que en realidad se precisan) "espabile" la visión, o que las lentes de contacto consigan frenar el avance de una miopía. La medicina alternativa tampoco se salva de malentendidos: con evidencias científicas en la mano, no hay dietas especiales capaces de prevenir este problema.

Pese a que una corrección de las dioptrías permita ver con normalidad, los oftalmólogos aconsejan no perder de vista la salud de los ojos debido a que un miope, por el simple hecho de serlo, tiene siempre más posibilidades de padecer glaucoma, cataratas precoces y retinopatía o coroidosis.

Miopía magna
Los especialistas se refieren a una miopía magna cuando la persona miope supera las seis dioptrías, debido a un crecimiento desmesurado del globo ocular que provoca un adelgazamiento progresivo de todas las capas del ojo, de las que la retina es la más afectada. Esta deformidad puede dar lugar a atrofias, hemorragias, degeneración macular, roturas o desprendimiento de retina. A lo largo del tiempo, el miope va perdiendo zonas de visión, agudeza visual y calidad de vida.

Los pacientes con miopía magna presentan una mayor incidencia de patologías retinianas
Actividades tan cotidianas como leer, escribir, trabajar frente a un ordenador o una consola, ver la tele, ir al cine, pasear solo o conducir dejan de hacerse de una forma normal. Asimismo, se produce una pérdida importante de socialización y de autoestima por una incapacidad visual permanente y absoluta, sin que las empresas adapten sus puestos de trabajo a este tipo de problemas.

Por si fuera poco, los pacientes con miopía magna presentan una mayor incidencia de patologías retinianas. «Por una parte, al nivel de la retina periférica, tienen más probabilidades de sufrir un desprendimiento y, por otra, muestran un aumento de frecuencia en cuanto a alteraciones de la mácula o la retina central», explica Juan Reche, oftalmólogo del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Neovascularización coroidea
Se trata de una alteración propia de la miopía magna y que consiste en la aparición de vasos sanguíneos de reciente formación en el área de la mácula, lo que dificulta enormemente la visión central. Esto puede originar una discapacidad visual grave que limita la realización de actividades cotidianas y la autonomía de los afectados, evolucionando hasta una ceguera legal.

Reche subraya que se trata «de una enfermedad con un devastador efecto sobre la visión del paciente y que suele dar lugar a metamorfopsias (percepciones distorsionadas de las imágenes, tanto en forma como en tamaño), limitando de forma extraordinaria la capacidad de los pacientes para leer, trabajar con ordenador o conducir». El experto considera indicados, en estos casos, «agentes antiangiogénicos que actúan inhibiendo el factor de crecimiento vascular endotelial, pudiendo frenar el curso de la enfermedad y eliminar la formación de nuevos vasos».

«No son tratamientos curativos, pero en muchos casos permiten una recuperación importante de la agudeza visual y retrasan la aparición de una deficiencia visual grave», explica el oftalmólogo. Desde hace ocho años, el Hospital Clínico San Carlos se considera un centro de referencia para el tratamiento de las neovascularizaciones coroideas con terapia fotodinámica, que tiene un efecto visual beneficioso consistente en reducir la pérdida visual asociada a este problema. «Sin embargo, presenta algunas limitaciones, como el escaso porcentaje de pacientes que mejoran su visión de una forma permanente en el tiempo», añade Reche.

AMIRES

(Imagen: Pontus Edenberg)
La Asociación Nacional de Afectados de Miopía Magna (AMIRES) se creó con el objetivo de promover la sensibilización social sobre esta enfermedad, fomentar el apoyo psicosocial e informar de los tratamientos disponibles para otras patologías asociadas a la miopía magna. AMIRES contribuye a mejorar la atención sociosanitaria de los miopes magnos y su calidad de vida. En colaboración con la industria farmacéutica, la asociación organiza también jornadas dedicadas a divulgar las diferentes patologías asociadas a la miopía magna, como la neovascularización coroidea, y a profundizar en las nuevas líneas de investigación con células madre en el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas de la retina.

«Nuestra asociación pretende hacer visibles las necesidades sanitarias, sociales o laborales de los afectados, defendiendo los derechos en todos los ámbitos (barreras arquitectónicas y comunicación), la implantación de unidades de baja visión en el Sistema Sanitario Público o la necesidad de adaptar los puestos de trabajo», comenta María Lourdes Martínez, presidenta de AMIRES.

Las principales reivindicaciones que formula la asociación tienen que ver con la creación de un comité de expertos en salud pública que elabore un protocolo de atención y tratamiento de la miopía magna y de sus patologías asociadas en los hospitales del Sistema Nacional de Salud, la incorporación a las carteras de servicios de atención especializada a los pacientes de baja visión, la creación de unidades de baja visión en los hospitales públicos y un incremento de las ayudas públicas para los aparatos ópticos de estos enfermos.

Mala prevención visual


La población española es, en el conjunto de la Unión Europea, la que menos se preocupa por su salud visual

Solamente uno de cada cuatro españoles acude a una revisión ocular anual, según datos extraídos del apartado 'Salud en la UE' del informe del Eurobarómetro elaborado por la Comisión Europea. Además, de éstos, únicamente el 8% lo hace de forma voluntaria. Y todo ello a pesar de que España cuenta con 20 millones de personas que utilizan, aunque menos de lo necesario, algún elemento compensador de la visión, sean gafas, lentes de contacto o ambos.

En cuestiones de salud ocular, España se sitúa diez puntos por debajo de la media de la Unión Europea (UE), sólo por debajo de países recién incorporados como Bulgaria y Rumania, donde 22 de cada 100 habitantes acude a realizarse una revisión cada año. Además de la poca preocupación que se desprende de los datos del Eurobarómetro, asombra que, aparte del 8% que lo hace de forma voluntaria, un 10% se someten a una revisión ocular a iniciativa de su médico o especialista.

El restante 10% de los españoles que sí visitan la consulta del oftalmólogo lo hacen mediante programas concertados, «el tercer mayor porcentaje del ámbito comunitario, tan sólo por detrás de lituanos y eslovacos», según los autores del estudio.

Resto de la Unión
Según el informe, opuestos a los españoles se encuentran los habitantes de Luxemburgo y Bélgica, con un 58% y 46% respectivamente, que se hacen como mínimo una revisión anual de la vista. Muy de cerca siguen franceses y letones, con un 45% y un 43%. No obstante, los habitantes de Francia y Luxemburgo están considerados, según el informe en cuestión, los más concienciados de la UE, ya que el 46% y el 33% acuden de manera voluntaria a la consulta de los optometristas.

El estudio analiza el interés de los europeos por su salud visual dependiendo de su edad, sexo y grado de formación. Así, las que más preocupación demuestran por su visión son las mujeres, con un 40% frente al 37% de los hombres. Por grupos de edad, el informe pone de manifiesto que casi la mitad de los europeos que se realizan revisiones cada año son mayores de 55 años (grupo de población de riesgo de determinadas patologías que afectan a la visión). Asimismo, los que están más concienciados en la prevención son aquéllos con mayor grado de formación, con una tasa que alcanza el 43%.

Muchas ópticas
El porcentaje de españoles que, padeciendo algún tipo de problema visual, opta por utilizar elementos compensadores es muy inferior al de otros países europeos
En España, el porcentaje de habitantes que, padeciendo algún tipo de problema visual, opta por utilizar elementos compensadores es muy inferior al de otros países europeos, como Alemania, Francia, Italia o Reino Unido. Los datos disponibles señalan que en el 2006, de los 20 millones de usuarios de gafas, lentes de contacto, o ambos, unos 12 millones eran miopes; casi 3 millones padecían hipermetropía y el 90% presentaban presbicia (vista cansada). Estas cifras, junto a las extraídas por el Eurobarómetro, no dejan de sorprender más aún cuando España cuenta con casi 13.000 ópticos-optometristas colegiados y unas 9.000 ópticas, con lo que se sitúa como el país europeo con más ópticas por habitante.

Otra de las preocupaciones de los especialistas es que más del 31% de gafas de sol que se venden en España es a través de tiendas no autorizadas y sin normas de calidad, tales como 'top manta' o mercadillos. Los expertos alertan de problemas oculares que pueden producir gafas no homologadas como queratitis (inflamación de la córnea), queratoconjuntivitis (inflamación de córnea y conjuntiva) y cataratas prematuras, entre otras. Aconsejan adquirirlas en establecimientos que garanticen el cumplimiento del estándar europeo (EN 1836:1997), algo que sólo hace un 13% de los españoles.

¡OJO EN LA NIEVE!

(Imagen: Rubén García)
La salud ocular con respecto al sol es tan importante como la de la piel. Pese a que de sobras son conocidas las quemaduras en la retina que se producen por mirar directamente un eclipse, no ocurre lo mismo con otros efectos perniciosos de la luz solar sobre el resto de tejidos oculares, como el cristalino y la córnea. La exposición a la luz solar afecta a los ojos por el reflejo en el agua, la arena y, sobre todo, la nieve. Esta última refleja el 88% de los rayos que inciden sobre ella. De la misma manera, la altitud varía el porcentaje de radiación: se considera que por cada 1.000 metros se absorbe un 10% más de luz ultravioleta (UV). Por este motivo, los expertos insisten en la protección ocular al practicar deportes en la nieve, sobre todo en menores de 16 años porque su cristalino aún no tiene la protección suficiente.

Las gafas de protección solar deben incorporar filtro para rayos UV, tanto para rayos UVB como los UVA, que son los más nocivos, para proteger la piel que rodea a los ojos y prevenir, además, el desarrollo precoz de cataratas. Lo deseable es usar un EPF-10 (Factor de Protección Ocular, en sus siglas inglesas), que tiene una capacidad de absorción total. La oscuridad de las lentes no informa del grado de protección que proporciona. En niños, entre gafas de factor de protección alto, es mejor escoger las menos oscuras para que no limiten excesivamente la visión. De la misma manera, la forma es esencial. Una superficie amplia, con ajuste adecuado y de forma envolvente, es la más adecuada, según explican los expertos.