La felicidad radica, ante todo, en la salud.
(George William Curtis)

La salud es la unidad que da valor a todos los ceros de la vida.
(Bernard Le Bouvier de Fontenelle)

No cambies la salud por la riqueza, ni la libertad por el poder.
(Benjamin Franklin)

La felicidad para mi consiste en gozar de buena salud, en dormir sin miedo y despertarme sin angustia.
(Françoise Sagan)
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Del estrés al sosiego


Vivir de manera sosegada es comprar boletos para preservar nuestro bienestar físico y psíquico, la cara opuesta del temido estrés, cada vez más común en nuestra sociedad y que puede derivar en problemas de salud tanto físicos como psíquicos. ¿Qué es el sosiego y cómo alcanzarlo? Lograrlo es difícil, pero no imposible. Una psicóloga y un filósofo exponen las claves de cómo afrontar el estrés y, en la medida de lo posible, aprender a vivir con una actitud sosegada.

¿Qué impide vivir de manera sosegada?

El estrés es la sensación de encontrarse ante una situación de peligro real, lo cual está bien, porque actúa como un mecanismo de defensa que nos prepara para huir o para afrontar un peligro en caso de que se haga real, según Rosa Armas. Sin embargo, se convierte en un problema cuando la situación estresante es producto de la imaginación, bloquea y no deja "funcionar" a la persona que la experimenta. "Ninguna situación por sí sola estresa. Estresa lo que pensamos de ella", afirma la especialista.

Pero, además, el estrés se ha convertido en una forma de vivir típica de las sociedades occidentales y modernas, en una palabra que se refiere a significados muy distintos: desazón, angustia, desesperación, inquietud, una mala gestión del tiempo, hiperactividad, tener la sensación de no llegar a todo o las consecuencias de distintos tipos de presión, como la laboral o la familiar, explica Francesc Torralba, doctor en Filosofía y Teología, director de la Cátedra Ethos de la Universidad Ramón Llull, y autor del libro "Sosegarse en un mundo sin sosiego. Cartas a una mujer acelerada", publicado por Plataforma Actual. La obra está escrita a modo de epístolas inconclusas a una mujer acelerada, aunque los mensajes que encierra, según reconoce el propio autor, son válidos para cualquier persona, hombre o mujer.

En contraposición a esta atropellada y acelerada forma de vivir, "el sosiego es tranquilidad interior, paz, bienestar emocional y mental, un estado de quietud que nunca se alcanza sin esfuerzo, tanto en lo físico como en lo espiritual", según lo define Torralba.

Pero, ¿qué aspectos de nuestra existencia nos impiden vivir de manera sosegada? Algunos enemigos del sosiego o "toxinas del alma" son la apatía vital, la indecisión, la envidia, los celos, el resentimiento (volver a sentir algo vivido en el pasado) y el sentimiento de culpabilidad. Todos ellos impiden experimentar la calma y, por ello, se deben combatir. "La envidia existencial es una enfermedad", ya que se desea ser como el otro, sin saber siquiera si se siente feliz en su fuero interno, y se niega el propio potencial y las propias capacidades, comenta Torralba. ¿Cómo es posible dejar atrás una vida dominada por el estrés y estos pensamientos obsesivos y aprender a vivir con sosiego?

"Mens sana in corpore sano"
La falta de sosiego puede ser la antesala de la enfermedad, puesto que existe una íntima relación entre lo corporal, lo psíquico y lo espiritual. Somos una unidad indisoluble. Un ritmo excesivo tiene como consecuencia que el cuerpo grite, se queje, y manifieste nuestro malestar como somatización, que para unos puede ser un cólico nefrítico, una migraña o ambas cosas. "El ritmo al que sometemos nuestra vida mental y emocional tiene repercusiones o consecuencias en nuestra dimensión corporal", explica Torralba.

En otras ocasiones, el desasosiego se manifiesta en la esfera mental y emocional, ya que la persona en este estado se muestra más irascible, inquieta e irritable. Y, en otras, el rostro es nuestro gran delator: como dice el refrán, el rostro es el espejo del alma e irradia lo que se lleva dentro, ya sea paz o estrés y nerviosismo. La psicóloga Rosa Armas aclara que los primeros síntomas físicos del estrés son el insomnio, la alteración del ritmo cardiaco, el nerviosismo excesivo o la falta de apetito. En cuanto a los síntomas mentales, el más típico es la sensación de desbordamiento, de no poder sobrellevar una situación ni controlarla.

De ahí que el lema clásico "mens sana in corpore sano" tenga pleno sentido y vigencia en nuestra sociedad o, al menos debiera tenerlo, según se desprende de la visión de Torralba. "Una persona con una vida mental y emocional sana tiene una vida corporal sana", afirma. Prueba de ello es que en la sociedad moderna cada vez son más comunes ejemplos de que los excesos se plasman en cuerpos obesos y estáticos y, al contrario, las disfunciones se reflejan en cuerpos simplemente enfermos.

Cada persona debe ser la soberana de su cuerpo. El cuerpo humano es un vehículo y un lugar de sensaciones, que nos permite comunicarnos, gozar, sufrir, opina Torralba. Explica que el cuidado del cuerpo no es una cuestión ornamental, sino vital y una condición indispensable para poder velar por la salud de otros. "Permanecer en el ser exige una ardua labor artesanal. Debes alimentarte, protegerte del frío y del calor, descansar el tiempo pertinente, beber agua, vestirte y asearte o cultivar tus dones espirituales", dice Torralba.

Mantener el cuerpo es crucial para que cada uno desarrolle una misión vital que dé sentido a su existencia. Ya sea vender zapatos, pintar casas, educar niños o cuidar personas; pensar y llevar a la práctica una misión da la sensación de que el paso por la vida no ha sido estéril y proporciona un gran sosiego.

Vivir con la tensión justa

Un caso de mala salud psíquica y, en consecuencia física, es lo que Torralba menciona en su libro como "la dictadura del cuerpo anoréxico", un ejemplo perfecto, por desgracia, del grado de tensión y esclavitud desmesuradas que alcanzan algunas personas preadolescentes, adolescentes, jóvenes e, incluso, adultas en busca de unas medidas corporales reñidas con la salud. Al margen del ejemplo extremo de la anorexia, Torralba explica que "cierta tensión es básica para el cuerpo y la vida mental y emocional".

Es bueno prepararse para algún fin. "La tensión es el impulso, el vector que nos lleva hacia algo que no tenemos: el objetivo de hablar inglés, hacer un doctorado o mejorar en nuestro empleo. Una vida que no tuviera ningún propósito o fin no sería una vida humana y, para ello, requerimos cierta tensión", explica. Ahora bien, si la tensión es excesiva, una persona puede "romperse".

Para comprenderlo, Torralba invita a imaginar un arco y una flecha. El arco se debe tensar hasta cierto punto para lanzar la flecha hacia el lugar deseado, pero si se tensa demasiado, éste puede romperse y la flecha caer a nuestros pies. Ésta sería la consecuencia de sufrir demasiada tensión en la vida, la de la persona que se pone horizontes excesivos y pretende imitar a un modelo, figura o icono social. Si sus metas exceden a sus capacidades, ese ser humano se "rompe", se frustra y cae en la decepción.

Descubrir el propio ritmo

Cada persona tiene su propia capacidad para llevar cierto ritmo en su vida. "Depende de cada uno, de sus capacidades y recursos. Hay personas con agendas infernales que tienen una gran capacidad para llevarlas, recursos, tesón, entereza, fuerza moral y fuste y otras que no", declara Torralba. Estas personas son capaces de llevar una actividad muy intensa, porque han hecho un gran trabajo interior y tienen recursos para afrontar esta situación con aplomo. Por el contrario, otras se diría que se ahogan en un vaso de agua sólo con dos actividades al día que tampoco son capaces de realizarlas de forma satisfactoria.

Armas tiene la misma opinión que Torralba. Según esta psicóloga "vivimos muy rápido. Pero hay gente que tienen muchas actividades al día y no está estresada. El estrés no es tener mucha prisa y hacer muchas cosas. Es la sensación de estar desbordado, de que no puedes con una determinada situación. Depende de cómo lo vive cada uno. Lo importante no es lo que te pase, sino cómo lo vivas".

Para llevar una vida sana, cada uno debe descubrir cuál es su propio ritmo: evitar someter al cuerpo a un ritmo acelerado, si es superior a nuestras capacidades, pero tampoco adoptar un ritmo excesivamente lento, ya que se corre el riesgo de caer en el aburrimiento, indica Torralba.

Vivir el ahora

"El pasado es pétreo. El presente, líquido. Y el futuro gaseoso". De esta forma, Torralba sintetiza lo que una persona puede y no puede cambiar durante su tiempo vital. El ahora se puede vivir combatiendo dos tendencias. La primera es combatir el pasado, un mal en el que suele caer el nostálgico. Sentir nostalgia o melancolía es caer en una especie de enfermedad que se caracteriza por creer que lo que ocurrió en el pasado fue muy bello. O bien fue tan doloroso que intoxica y contamina el presente. Por lo tanto, la nostalgia y la melancolía son una forma de pensamiento que se debe combatir. "Se debe evitar la tendencia de vivir atrapado en el pasado", sentencia Torralba.

La otra tendencia que se ha de combatir es justo la contraria, la de pensar sólo en el futuro, algo en lo que suelen caer más los jóvenes. "Es evidente que se debe planificar y proyectar, pero no se debe dejar que, de esta forma, el tiempo se escape entre los dedos, puesto que no se sabe si tenemos futuro personal. La muerte es cierta, pero la hora es incierta. Lo que sí es cierto es que tenemos pasado. El futuro es imprevisible y no lo conocemos. Y así es mejor, porque sería muy angustioso conocer la hora y el día en que vamos a morir o que van a morir nuestros seres queridos. Por eso, hay que gozar de cada instante y de cada momento", recuerda el filósofo.

Para ello, aconseja actividades tan sencillas como pasear y pensar, y practicar la buena lectura, es decir, "la lectura que engrandece el alma", las relaciones de calidad y realizar buenas acciones, entre otras ideas.


Cuando el estrés es inevitable

A pesar de muchas consignas, la vida depara sorpresas que pueden ser potentes generadores de estrés. Es imprevisible saber cómo reaccionará cada uno ante estos casos, hasta que no se encuentre delante de ellos, por lo que es difícil advertir el estrés de antemano. Además, hay situaciones de estrés reales, como la pérdida de un puesto de trabajo, que no son prevenibles y que son difíciles de sobrellevar, en especial cuando de la persona que pierde el empleo depende toda la familia. En estas circunstancias, "es muy difícil no estresarse, a menos que se tenga mucho autocontrol o estabilidad emocional", comenta Rosa Armas.

Pero, al margen de estos casos serios, en el día a día existen pequeños trucos o hábitos que pueden ayudar a afrontar la sensación de vivir con estrés, informa esta psicóloga. Son, entre otros, el ejercicio físico, que no sólo se debe practicar en situaciones límites de estrés sino siempre que se pueda, puesto que ayuda a mantener la mente ágil -además del cuerpo-; aprender a pensar de forma positiva ya que, si bien no soluciona los problemas, ayuda a soportarlos; recurrir a técnicas de relajación físicas; y mantenerse distraído o practicar alguna afición, algo que guste y motive, además de las obligaciones domésticas y laborales cotidianas.

En el caso de graves situaciones estresantes, cuando es posible resolverlas de forma práctica, se puede enseñar a las personas implicadas a sopesar diferentes opciones para pensar en distintas soluciones prácticas. Y cuando no son modificables, a interpretarlas y mirarlas desde otros puntos de vista, según Armas. De hecho, es posible vivir desde una actitud de sosiego, si se ha entrenado lo suficiente, los distintos problemas que van apareciendo en la vida. El sosiego se pone a prueba cuando aparecen los problemas, afirma Francesc Torralba.

LA DEPRESIÓN


¿Qué es la depresión?
El trastorno depresivo es una enfermedad que afecta al organismo, al estado de ánimo y a la manera de pensar, de concebir la realidad. Afecta al ciclo normal de sueño-vigilia y alimentación. Se altera la visión de cómo uno se valora a sí mismo (autoestima), y la forma en que uno piensa.

Es importante aclarar que un trastorno depresivo no es lo mismo que un estado pasajero de tristeza, que puede ser considerado como una reacción normal ante un acontecimiento negativo (pérdida de un ser querido, divorcio, etc). Sin embargo, si dicho estado se prolonga en el tiempo o sus síntomas se agravan, impidiendo el desarrollo adecuado de la vida cotidiana, puede llegar a convertirse en un trastorno depresivo, de ahí la importancia de que la persona reciba un tratamiento adecuado.

Síntomas y diagnóstico

Estos son los síntomas principales del trastorno depresivo:

La persona pierde el interés en casi todas las actividades usuales, y en las que antes le ocasionaban placer.

Prefiere estar triste, desesperanzada, desanimada. A menudo recurre a expresiones como: "me siento dentro de un hoyo", "creo que toqué fondo".

Hay trastornos del apetito, generalmente por disminución del mismo, junto con una pérdida significativa del peso. Otras personas muestran un aumento del apetito o de la ingestión de alimentos -aunque no haya apetito- y también del peso.

Son comunes los trastornos del sueño: dificultades para quedarse dormido, sueño interrumpido, demasiado sueño (hipersomnia).

El aspecto psicomotor sufre alteraciones: la persona puede sufrir episodios de agitación, incapacidad para permanecer tranquila, estallidos de queja o de gritos.
En el otro extremo se da lo que se denomina “lentificación psicomotora”, que se traduce en un hablar muy pausado y en movimientos corporales lentos.

La persona experimenta una fatiga constante, hasta la tarea más pequeña puede parecer una tarea difícil o imposible de lograr.

A esto se agrega un sentimiento de minusvalía. El individuo cree que todo lo ha hecho mal; y recuerda sus errores, magnificándolos. Se reprocha, incluso, detalles mínimos, y busca en el ambiente cualquier signo que refuerce la idea de que él no vale nada.

Hay sentimientos de culpa, igualmente exagerados, sobre situaciones presentes o pasadas.

Es frecuente que la persona tenga dificultades para concentrarse, y que le cueste tomar decisiones o recordar las cosas pasadas.

Se presentan pensamientos constantes acerca de la muerte, que incluso llevan a elaborar ideas suicidas. Aunque puede sentir miedo de morir; no obstante estar convencido de que él y los demás estarían mejor si falleciera.

También se presentan síntomas como: llanto frecuente, sentimientos de angustia, irritabilidad, mal genio, preocupación excesiva por la propia salud física, ataques de pánico y fobias

Causas de la depresión

La depresión puede ser de tipo reactivo, ante un suceso externo que ocasiona tristeza o endógena, en cuyo caso la persona se deprime sin existir una causa externa.

Una tercera postura es la que considera que en una depresión pueden estar implicados ambos factores, tanto endógenos como exógenos, en distintas proporciones en los distintos pacientes.

Las causas de depresión son el resultado de la acción de varios factores: Factores, químicos, hormonales, genéticos y psicosociales, es decir, el entorno en el que crecemos o vivimos.

Factores químicos

Las causas básicas de la depresión están asociadas a anormalidades en la liberación de ciertos neurotransmisores importantes. Los neurotransmisores son los mensajeros químicos del cerebro y, en caso de depresión, se ven alterados los siguientes:

Serotonina (Íntimamente relacionada con la emoción y el estado de ánimo)

Acetilcolina (Responsable de muchas de la estimulaciones musculares, y participa en la programación del sueño).

Catecolaminas: Dopamina, (Interviene en el deseo y en la sensación de placer), Noradrenalina (puesta en “alerta máxima” de nuestro sistema nervioso), y Adrenalina (La sustancia de la “acción” por antonomasia).

Estos mensajeros químicos se alteran por diversas causas como: anomalías estructurales cerebrales leves, trastornos del sueño o herencia genética. Por ejemplo, los investigadores han identificado un defecto en un gen llamado SERT, que regula la serotonina, la que ha sido asociada a la depresión.

Factores Hormonales

En la depresión se encuentran alteraciones en el funcionamiento de las glándulas hipotálamo e hipófisis (que se encuentran en el cerebro) y las glándulas suprarrenales, que se encuentran sobre los riñones.

Estas tres glándulas funcionan sincronizadas entre sí, de modo que la hormona segregada por el hipotálamo estimula a la hipófisis a que produzca otra hormona que a su vez estimula a las glándulas suprarrenales a producir cortisol.

Normalmente, la cantidad de hormona segregada frena a la glándula que la ha producido de modo que se produce un mecanismo llamado de retroalimentación. Si esta respuesta de retroalimentación no funciona con normalidad, se origina la depresión. Por ejemplo, en la depresión mayor se pueden observar niveles elevados de cortisol.

Las anomalías de la función de la glándula tiroides también se han relacionado con los trastornos del estado de ánimo, ya que el hipotiroidismo a veces da la cara como un síndrome depresivo. Como en el caso anterior existiría en ciertos casos de depresión una mala regulación de la secreción hormonal de estas glándulas.

En las hormonas femeninas, los estrógenos y la progesterona, jueguen un papel en la depresión. Los niveles anormales de determinadas hormonas del estrés y del crecimiento también pueden desempeñar un papel fundamental en el desencadenamiento de la depresión.

Factores genéticos

La predisposición genética a la depresión no implica que se padezca, sino que existe una disposición hacia ella.
Algunos tipos de depresión tienden a afectar miembros de la misma familia, lo cual sugeriría que se puede heredar una predisposición biológica. Esto parece darse en el caso del trastorno bipolar.

Sin embargo, no todos los que tienen la predisposición genética para el trastorno bipolar lo padecen. Al parecer, hay otros factores adicionales que contribuyen a que se desencadene la enfermedad: posiblemente tensiones en la vida, problemas de familia, trabajo o estudio.

En algunas familias la depresión severa se presenta generación tras generación. Sin embargo, la depresión severa también puede afectar a personas que no tienen una historia familiar de depresión.

Sea hereditario o no, lo cierto es que el trastorno depresivo severo está a menudo asociado con cambios en las estructuras o funciones cerebrales: Disminución del metabolismo del área prefrontal izquierda del cerebro, situación que se normaliza tras los diferentes tratamientos.

Factores Psicosociales

La depresión puede ser la consecuencia o respuesta a determinadas situaciones traumáticas como la pérdida de un ser querido, enfermedad, divorcio o ante situaciones de fuerte estrés.

Obviamente, en la gestación de la depresión también influyen ciertos patrones de comportamiento como la inseguridad en el carácter, la baja autoestima y la ansiedad.

Los trastornos de inseguridad o de ansiedad, suelen originarse en la infancia, bien por un conflicto puntual o por un ambiente familiar en el que el sujeto ha sido privado de afecto, ha sido sobreprotegido o ha tenido que vivir circunstancias traumáticas.

Otras Causas:

Causas Médicas

Los trastornos médicos generales más depresógenos son el fracaso renal avanzado, el posinfarto de miocardio, el cáncer y el SIDA.Los enfermos de las cuatro primeras clases mencionadas son afectados por la depresión en una proporción entre el 20 y el 50 por ciento. La mayor parte de los trastornos orgánicos cerebrales se acompañan de depresión con alta frecuencia. Así ocurre con la enfermedad de Parkinson, los traumatismos craneoencefálicos y un largo etcétera.

Adicciones

Es rara la existencia de una droga que no determine un estado depresivo con cierta frecuencia. El alcohol y las drogas son las sustancias responsables de la mayor parte de las depresiones adictivas.

Tipos de depresión

La Depresión Severa (Trastorno Depresivo Mayor) se manifiesta por una combinación de síntomas que interfieren con la capacidad para trabajar, estudiar, dormir, comer, etc. Es decir, es un tipo de depresión incapacitante que altera la vida del paciente.

La Distimia; También conocida como depresión crónica, afecta a un porcentaje pequeño de la población (entre un 3 y un 6%) y se caracteriza por la presentación de la mayoría de los síntomas que aparecen en la depresión mayor, aunque dichos síntomas suelen ser menos intensos en este caso y se prolongan más en el tiempo (como mínimo dos años). Los pacientes aquejados de distimia pueden llevar una vida normal pero se sienten permanentemente deprimidos, tienen dificultad para disfrutar la vida y no muestran cambios aparentes en la conducta o comportamiento diario, aunque tienen menos energía, una negatividad general, y un sentido de insatisfacción y desesperanza.

Depresión Doble. Esta es una complicación de la distimia. Los síntomas empeoran con el paso del tiempo y los pacientes sufren un episodio de trastorno depresivo mayor escondido tras la depresión crónica. En este caso, la depresión es denominada depresión doble.

El Trastorno Bipolar o enfermedad maniaco-depresiva es una alteración de los mecanismos que regulan el estado de ánimo. Quienes la sufren pasan alternativamente de la euforia o "manía" a la depresión, llegando a necesitar, en ocasiones, la hospitalización. Los cambios de estado de ánimo pueden ser dramáticos y rápidos, pero más a menudo son graduales. Cuando una persona está en la fase depresiva del ciclo, puede padecer de uno, de varios o de todos los síntomas del trastorno depresivo. Cuando está en la fase maníaca, la persona puede estar hiperactiva, hablar excesivamente y tener una gran cantidad de energía. Este trastono, no es tan frecuente como los anteriores y si la manía se deja sin tratar puede empeorar y convertirse en un estado psicótico (el paciente pierde temporalmente la razón).

El trastorno bipolar suele iniciarse en la vida adulta y, aunque es menos común, también puede comenzar en la adolescencia y raras veces en la niñez. El trastorno bipolar puede afectar a cualquier persona sin embargo, el factor hereditario desempeña un papel importante, de modo que si uno o ambos progenitores padecen un desorden bipolar, existe mayor probabilidad de que los hijos desarrollen el mismo desorden.

Depresión Atípica.- Las personas con depresión atípica generalmente comen y duermen con exceso, tienen un sentido general de pesadez, y un sentimiento muy fuerte de rechazo.

Trastorno Afectivo Estacional: el trastorno afectivo estacional (SAD) se caracteriza por episodios anuales de depresión en otoño o invierno, que remiten en primavera y verano. En estas épocas pueden ser sustituidos por fases maníacas. Otros síntomas incluyen fatiga, tendencia a comer exceso (particularmente hidratos de carbono), a dormir invierno. Es importante destacar que los cambios estacionales suelen a todas las personas y que no por ello se debe confundir con una depresión estacional.

Trastorno Disfórico Premenstrual: El síndrome de depresión severa, irritabilidad, y tensión que precede a la menstruación se conoce como trastorno disfórico premenstrual (PDD o PMDD) (también llamado trastorno disfórico luteínico tardío). Este trastorno suele afectar a un porcentaje mínimo de las mujeres (entre un 3 y un 8%) y su diagnóstico depende de la presencia de cinco síntomas típicos de la depresión severa, que aparecen durante la mayoría de ciclos menstruales, y que empeoran aproximadamente una semana antes del período menstrual y desaparecen después.

Diagnóstico

Una buena evaluación diagnóstica debe incluir una historia médica completa. ¿Cuándo comenzaron los síntomas, cuánto han durado, cuál es su intensidad? Si el paciente los ha tenido antes, el médico debe averiguar si los síntomas fueron tratados y qué tratamiento se dio.

El médico también debe preguntar acerca del uso de alcohol y drogas, y si el paciente tiene pensamientos de muerte o suicidio. Además, la entrevista debe incluir preguntas sobre otros miembros de la familia. ¿Algún pariente ha tenido depresión y si fue tratado, qué tratamientos recibió y qué tratamientos fueron efectivos?

Por último, una evaluación diagnóstica debe incluir un examen del estado mental para determinar si los patrones de habla, pensamiento o memoria se han afectado, como pasa algunas veces en el caso de enfermedad depresiva o maníaco-depresiva

Patrones que el médico determina para diagnosticar los trastornos depresivos:

Depresión mayor. Aparecen al menos cuatro de los siguientes síntomas y durante más de dos semanas: alteración del apetito, del sueño, de la actividad psicomotora, del funcionamiento cognitivo, de la energía física, pérdida de la sensación de placer, sentimientos de culpa e ideación suicida.

Son frecuentes los antecedentes personales de episodios depresivos similares (50%) o de otras características, así como de ansiedad o angustia. Igualmente es frecuente encontrar antecedentes familiares de depresiones mayores, trastornos bipolares o alcoholismo; y antecedentes biográficos de ambientes familiares caóticos o pérdida de algún familiar en edades tempranas.

Trastorno bipolar, fase depresiva. En la evolución previa de la enfermedad han existido uno o varios episodios de características maníacas. En sus antecedentes familiares aparecen con muy alta frecuencia trastornos bipolares o unipolares.

Trastorno distímico. Coincide aproximadamente con los diagnósticos clásicos de neurosis o personalidad depresiva. Los síntomas son menos intensos pero más crónicos y responden peor a los medicamentos. En sus antecedentes destacan síntomas neuróticos desde la infancia, así como conflictos permanentes en las de relaciones interpersonales. También pueden existir ambientes familiares conflictivos.

Trastorno adaptativo con estado de ánimo depresivo. Surge desencadenado por un estrés claramente identificable que ha tenido lugar en las últimas semanas. La reacción desaparece bien por desaparecer el suceso desencadenante o por alcanzar el paciente un nuevo nivel adaptativo en su funcionamiento.

Tratamiento

El tratamiento de la depresión ha de ser abordado por profesionales de la salud, psiquiatras o psicólogos, y los métodos son diversos, según los casos.

Si estamos ante un episodio agudo de depresión o ante un período de progresivo deterioro, estará indicada la hospitalización.

Aunque el tratamiento con medicación es siempre recomendado para aliviar el sufrimiento, es necesaria la psicoterapia para ayudar al paciente a solucionar sus conflictos y expresar sus problemas.

El primer paso para recibir un tratamiento adecuado consiste en un examen médico, ya que, como hemos visto, algunas enfermedades o ciertos medicamentos pueden producir los mismos síntomas que la depresión. El médico debe descartar esas posibilidades por medio de un examen físico, entrevista del paciente y análisis de laboratorio. Si las causas físicas son descartadas, el médico debe realizar una evaluación psicológica o dirigir al paciente a un psiquiatra o psicólogo.

La selección del tratamiento dependerá del resultado de la evaluación. Existe una gran variedad de medicamentos antidepresivos y psicoterapias que se pueden utilizar para tratar los trastornos depresivos.

La psicoterapia sin medicación es efectiva en algunas personas con formas más leves de depresión y los antidepresivos suelen recetarse en casos de depresión moderada o severa.

La mayoría de los pacientes obtienen un resultado óptimo con un tratamiento combinado de medicamentos para obtener un alivio relativamente rápido de los síntomas y psicoterapia para aprender a enfrentar mejor los problemas de la vida, incluyendo la depresión. El psiquiatra puede recetar medicamentos y recomendar la terapia psicológica idónea para cada sujeto, dependiendo del diagnóstico del paciente y de la seriedad de los síntomas.

Tratamiento Farmacológico

Hay varios tipos de medicamentos antidepresivos utilizados para tratar estos trastornos .Estos incluyen los "inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina"(ISRS) que son medicamentos nuevos, los tricíclicos y los "inhibidores de la monoaminoxidasa" (IMAO). Los ISRS y otros medicamentos aún más nuevos que afectan los neurotransmisores como la dopamina o la noradrenalina, generalmente tienen menos efectos secundarios que los tricíclicos.

Algunas veces el médico prueba una variedad de antidepresivos antes de encontrarse el medicamento o combinación de medicamentos más efectiva. Generalmente la dosis se debe ir aumentando hasta que la medicación es efectiva. Por lo general, el efecto terapéutico completo de los medicamentos antidepresivos no se observa inmediatamente.

Es posible que el paciente se sienta tentado a dejar de tomar el medicamento prematuramente. Él puede sentirse mejor y pensar que ya no lo necesita. O puede pensar que el medicamento no le está ayudando en absoluto. Es importante seguir tomando el medicamento hasta que éste tenga oportunidad de actuar en el organismo.

Una vez que el paciente se sienta mejor, es importante continuar el medicamento por 4 a 9 meses para prevenir una recaída de la depresión. Algunos medicamentos deben dejar de tomarse gradualmente (es decir reduciendo la dosis poco a poco) para dar tiempo a que el organismo se adapte y para prevenir síntomas de abstinencia, los que se producen cuando algunos medicamentos se descontinúan abruptamente. En los casos de trastorno bipolar y depresión severa crónica o recurrente, es posible que el paciente tenga que tomar el medicamento por un tiempo indefinido.

Al contrario de lo que algunas personas creen, los medicamentos antidepresivos no crean hábito. Sin embargo, como sucede con cualquier tipo de medicamento recetado por periodos prolongados, los antidepresivos deben ser supervisados cuidadosamente por el médico para determinar si se están dando en una dosis correcta. El médico debe verificar la dosificación y la efectividad del tratamiento en forma periódica.

Hay un pequeño grupo de personas que no responden a los antidepresivos usados más comúnmente (tricíclicos, ISRS y otros antidepresivos nuevos) y para las cuales los IMAO son el mejor tratamiento. Las personas que están tomando esta clase de antidepresivos deben evitar ciertos alimentos que contienen niveles elevados de la sustancia llamada tiramina (la que normalmente se encuentra en quesos fermentados, vinos y encurtidos o alimentos en conserva de vinagre). Cuando el paciente toma un IMAO, estos alimentos deben ser estrictamente evitados, al igual que algunos medicamentos como los descongestionantes que se toman para los resfríos y algunas alergias. La interacción de la tiramina con los IMAO puede ocasionar una crisis hipertensiva (subida brusca y extrema de la presión arterial) que puede llevar a la ruptura de una arteria en el cerebro, es decir un accidente cerebro-vascular.

El médico debe proporcionar al paciente una lista completa de los alimentos prohibidos. El paciente debe llevar la lista consigo en todo momento. Las otras clases de antidepresivos (tricíclicos, ISRS y otros antidepresivos nuevos) no requieren restricciones alimenticias.

Nunca se deben combinar medicamentos de ningún tipo--recetados, sin receta o prestados--sin consultar al médico. Cualquier otro profesional de la salud que pueda recetarle un medicamento (por ejemplo el dentista u otro especialista) tiene que saber qué medicamentos está tomando el paciente. Aunque algunos medicamentos son inocuos cuando se toman solos, si se toman en combinación con otros pueden ocasionar efectos secundarios peligrosos. Algunas substancias, como el alcohol y las drogas de adicción, pueden reducir la efectividad de los antidepresivos y por lo tanto se deben evitar.

Los sedantes o medicamentos ansiolíticos, que se dan para la ansiedad, no son antidepresivos. A veces son recetados junto con los antidepresivos, sin embargo, por si solos no son efectivos para tratar la depresión. Los estimulantes, como las anfetaminas, no son efectivos para tratar la depresión. Ocasionalmente se utilizan bajo estricta supervisión médica en personas que padecen al mismo tiempo de una enfermedad física y de depresión.

Las preguntas sobre los antidepresivos recetados y problemas que puedan estar relacionados con el medicamento, deben tratarse con el médico.

Terapias Psicológicas

Existen tres grandes tratamientos psicológicos de eficacia comprobada, estos tratamientos son la terapia conductual, la terapia cognitiva o terapia cognitiva-conductual y la psicoterapia interpersonal.

La Terapia Conductual tiene como objetivo promover cambios ambientales que posibiliten un aumento en la recepción de estímulos positivos e incide en mejorar las habilidades personales del paciente para poder encontrar más estímulos positivos.

La Terapia Cognitiva pretende enseñar al paciente a reconocer las distorsiones con las que percibe su vida. Se entrena al paciente para que identifique y modifique sus pensamientos erróneos, así como la conducta que le ha llevado al estado depresivo.

La Psicoterapia Interpersonal trata la depresión como una enfermedad asociada a una problemas en las relaciones personales por lo que se incide en la mejoría de dichas relaciones.

Autoayuda

¿Cómo uno puede ayudarse a si mismo cuando está deprimido?

Los trastornos depresivos hacen que uno se sienta exhausto, inútil, desesperanzado y desamparado. Esas maneras negativas de pensar y sentirse hacen que las personas quieran darse por vencidas. Es importante ser consciente de que las maneras negativas de ver las cosas son parte de la depresión. Estas son distorsiones que, por lo general, no se basan en circunstancias reales. Los pensamientos negativos desaparecen cuando el tratamiento empieza a hacer efecto. Mientras tanto:

Fíjese metas realistas, tomando en cuenta la depresión, y no trate de asumir una cantidad excesiva de responsabilidades.

Divida las metas en partes pequeñas, establezca prioridades y haga lo que pueda cuando pueda.

Trate de estar acompañado y de confiar en alguna persona; siempre es mejor que estar solo y no hablar con nadie.

Tome parte en actividades que le ayuden a sentirse mejor.

Haga ejercicio liviano, vaya al cine, vaya a un juego deportivo, o participe en actividades recreativas, religiosas, sociales o de otro tipo. Todo eso puede ayudar.

No espere que su estado de ánimo mejore de inmediato, sino gradualmente. Sentirse mejor toma tiempo.

Es aconsejable que posponga las decisiones importantes hasta que la depresión mejore. Antes de hacer cambios importantes, como cambiar de trabajo, casarse o divorciarse, consulte con personas que lo conozcan bien y tengan una visión más objetiva de su situación.

La gente rara vez sale de una depresión de un día para el otro. Pero se puede sentir un poco mejor cada día.

Recuerde, patrones positivos de pensamiento eventualmente van a reemplazar los pensamientos negativos que son parte de la depresión. Los patrones negativos van a desaparecer tan pronto su depresión responda al tratamiento. Recuerde, tan pronto su depresión responda al tratamiento, los pensamientos negativos van a ser reemplazadas por pensamientos positivos.

¿Cómo pueden los familiares y amigos ayudar a la persona deprimida?

Lo más importante que alguien puede hacer por la persona deprimida es ayudarle a que reciba el diagnóstico y tratamiento adecuados. Esto tal vez implique que tenga que aconsejar al paciente para que no deje el tratamiento antes de que los síntomas puedan empezar a aliviarse (varias semanas). Tal vez implique ayudarle a obtener un tratamiento diferente, si no se observa ninguna mejoría con el primer tratamiento. En ocasiones puede requerir que el familiar o amigo haga una cita y acompañe a la persona deprimida al médico.

A veces es necesario asegurarse que la persona deprimida esté tomando el medicamento. A la persona deprimida se le debe recordar que obedezca las órdenes médicas con respecto a beber bebidas alcohólicas mientras está medicado.

Otra cosa muy importante es dar apoyo emocional. Esto implica comprensión, paciencia, afecto y estímulo. Busque la forma de conversar con la persona deprimida y escucharla con atención. No minimice los sentimientos que el paciente expresa pero señale la realidad y ofrezca esperanza. No ignore comentarios o alusiones al suicidio. Informe al terapeuta si la persona deprimida hace comentarios sobre la muerte o el suicidio.

Invite a la persona deprimida a caminar, pasear, ir al cine y a otras actividades. Persista con delicadeza si su invitación es rechazada. Fomente la participación del paciente en actividades que antes le daban placer, como pasatiempos, deportes, actividades religiosas o culturales, pero no fuerce a la persona deprimida a hacer demasiadas cosas demasiado pronto. La persona deprimida necesita diversión y compañía, pero demasiadas exigencias pueden aumentar su sentimientos de fracaso.

No acuse a la persona deprimida de simular enfermedad o ser perezoso, ni espere que salga de esa situación de un día para el otro. Con tratamiento, la mayoría de las personas mejora. Tenga eso presente y continúe repitiéndole a la persona deprimida que con tiempo y ayuda va a sentirse mejor.

Deje que sus familiares y amigos le ayuden.