La felicidad radica, ante todo, en la salud.
(George William Curtis)

La salud es la unidad que da valor a todos los ceros de la vida.
(Bernard Le Bouvier de Fontenelle)

No cambies la salud por la riqueza, ni la libertad por el poder.
(Benjamin Franklin)

La felicidad para mi consiste en gozar de buena salud, en dormir sin miedo y despertarme sin angustia.
(Françoise Sagan)
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Trastorno Negativista Desafiante

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¿Qué es el trastorno negativista desafiante (su sigla en inglés es ODD)?

El trastorno negativista desafiante (su sigla en inglés es ODD) es un trastorno del comportamiento, normalmente diagnosticado en la niñez, que se caracteriza por comportamientos no cooperativos, desafiantes, negativos, irritables y enojados hacia los padres, compañeros, maestros y otras personas en posición de autoridad. La angustia y la preocupación que los niños y adolescentes que tienen ODD provocan en los demás son mayores que las que ellos mismos experimentan.

¿Qué causa el trastorno negativista desafiante?

La causa precisa del ODD no se conoce por el momento, pero se aventuran dos teorías primarias para explicar el desarrollo del ODD. Una teoría del desarrollo sugiere que los problemas comienzan cuando los niños tienen entre uno y dos años y medio de edad. Los niños y adolescentes que desarrollan el ODD pueden haber tenido dificultades para aprender a separarse de su figura de apego primaria y desarrollar habilidades autónomas. Las malas actitudes características del ODD se consideran una continuación de las cuestiones normales durante el desarrollo que no fueron resueltas adecuadamente en los primeros años de vida.

La teoría del aprendizaje sugiere, sin embargo, que las características negativas del ODD son actitudes aprendidas que reflejan los efectos de las técnicas de refuerzo negativo empleadas por los padres y personas en posición de autoridad. Se considera que el empleo de refuerzos negativos por parte de los padres incrementa la frecuencia e intensidad de los comportamientos opositores en el niño que de este modo logra la atención, el tiempo, la preocupación y la interacción deseados con los padres o personas en posición de autoridad.

¿A quiénes afecta el trastorno negativista desafiante?

Los trastornos del comportamiento, como categoría, son sin duda la causa mas común de remisión a los servicios de salud mental para niños y adolescentes. Las estadísticas indican que el trastorno negativista desafiante afecta a 20 por ciento de la población de edad escolar. El ODD es más común en los niños que en las niñas.

¿Cuáles son los síntomas del trastorno negativista desafiante?

La mayoría de los síntomas observados en niños y adolescentes que tienen el trastorno negativista desafiante también se observa a veces en niños que no lo padecen, especialmente alrededor de los 2 ó 3 años de edad o durante la adolescencia. Muchos niños, especialmente cuando están cansados, con hambre o disgustados, tienden a desobedecer, discutir con sus padres y desafiar la autoridad. Sin embargo, en los niños y adolescentes que tienen el trastorno negativista desafiante, estos síntomas ocurren de forma más frecuente e interfieren con el aprendizaje, el ajuste a la escuela y, algunas veces, con las relaciones del niño (o adolescente) con los demás.

Los síntomas del trastorno negativista desafiante pueden incluir los siguientes:

* Tiene rabietas frecuentes.
* Tiene excesivas discusiones con los adultos.
* Se niega a acceder a las solicitudes de los adultos.
* Cuestiona constantenente las normas; se niega a obedecer las reglas.
* Su comportamiento está dirigido a molestar o enojar a los demás, incluyendo a los adultos.
* Culpa a otras personas por su mal comportamiento o errores.
* Los demás le causan fastidio con facilidad.
* Tiene frecuentemente una actitud de enojo.
* Habla con severidad o poca amabilidad.
* Se comporta deliberadamente de formas que suscitan venganza.

Los síntomas del ODD pueden parecerse a los de otras condiciones médicas o problemas del comportamiento. Siempre consulte con su pediatra (o el médico del adolescente) para el diagnóstico.

¿Cómo se diagnostica el trastorno negativista desafiante?

Los padres, maestros y otras personas en posición de autoridad del entorno del niño o del adolescente suelen identificar al niño o adolescente que tiene ODD. No obstante, un psiquiatra infantil o un profesional de la salud mental capacitado normalmente diagnostica el ODD en los niños y adolescentes. Una historia detallada del comportamiento del niño por parte de los padres y maestros, observaciones clínicas del comportamiento del niño y, algunas veces, un examen psicológico contribuyen a realizar el diagnóstico. Los padres que advierten síntomas de ODD en sus niños o hijos adolescentes pueden ayudar procurando una evaluación y tratamiento tempranos. El tratamiento temprano puede prevenir a menudo problemas futuros.

Además, el trastorno negativista desafiante a menudo se manifiesta junto con otros trastornos de la salud mental, como los trastornos del estado de ánimo, de ansiedad, de conducta y el trastorno hiperactivo de déficit de atención, aumentando la necesidad de un diagnóstico y un tratamiento tempranos. Siempre consulte con el pediatra (o médico del adolescente) para obtener más información.

Tratamiento del trastorno negativista desafiante:

El tratamiento específico de los niños que tienen el trastorno negativista desafiante será determinado por el pediatra (o médico del adolescente) basándose en lo siguiente:

* La edad, estado general de salud e historia médica del niño (o adolescente).
* Qué tan avanzados están los síntomas del niño (o adolescente).
* La tolerancia del niño (o adolescente) a determinados medicamentos, procedimientos o terapias.
* Sus expectativas para la trayectoria de la condición.
* Su opinión o preferencia.

El tratamiento puede incluir:

* Psicoterapia individual
La psicoterapia individual para el ODD suele emplear un enfoque cognitivo conductista para aumentar la capacidad del paciente de resolver los problemas y sus habilidades de comunicación, y las habilidades de control de la ira.
* Terapia familiar
La terapia familiar tiene a menudo como objetivo la introducción de cambios en la familia, como por ejemplo, mejorar la capacidad de comunicación y fomentar la interacción entre los miembros de la familia. La crianza de los niños que tienen ODD puede ser una tarea muy difícil para los padres. Los padres necesitan apoyo y comprensión y también necesitan desarrollar enfoques más eficaces para la crianza de los hijos.
* Terapia de grupo con los compañeros
La terapia de grupo con los compañeros a menudo se enfoca en desarrollar y utilizar las capacidades sociales e interpersonales.
* Medicamentos
Si bien no se consideran eficaces para tratar el ODD, pueden utilizarse medicamentos si otros síntomas o trastornos están presentes y responden al medicamento.

Prevención del trastorno negativista desafiante en la niñez:

Algunos expertos creen que en el desarrollo del trastorno negativista desafiante se produce una secuencia de experiencias específicas. Esta secuencia puede iniciarse con la ineficacia por parte de los padres, seguida de dificultades con otras personas en posición de autoridad y malas relaciones con los compañeros. A medida que estas experiencias se exacerban y persisten, el comportamiento de oposición y desafiante se transforma en un patrón de comportamiento. La detección precoz y la intervención en las experiencias negativas familiares y sociales pueden servir para alterar la secuencia de experiencias que llevan a conductas más negativas y desafiantes. La detección temprana y la intervención con habilidades más efectivas de comunicación, de crianza, de resolución de conflictos y de control de la ira pueden alterar el patrón de comportamientos negativos y disminuir la interferencia del comportamiento negativista y desafiante en las relaciones interpersonales con los adultos y los compañeros, y en el ámbito escolar y social. El objetivo principal de la intervención temprana es favorecer el crecimiento y el proceso de desarrollo del niño o adolescente que tiene el trastorno negativista desafiante para mejorar su calidad de vida.

Los Trastornos de la Salud Mental en los Niños y Adolescentes

Muchos niños y adolescentes tienen problemas de salud mental que interfieren con su desarrollo normal y las actividades de la vida cotidiana. Algunos problemas de salud mental son leves, mientras otros son más graves. Algunos problemas de salud mental duran solamente períodos cortos de tiempo, mientras que otros, potencialmente, duran toda la vida. Según el Instituto Nacional de la Salud Mental (National Institute of Mental Health, su sigla en inglés es NIMH), que forma parte de los Institutos Nacionales de la Salud (National Institutes of Health, su sigla en inglés es NIH):
  • Los estudios de investigación han indicado que alredor de 5 por ciento de los niños y hasta el 8 por ciento de los adolescentes en Estados Unidos sufren de depresión.
  • Los trastornos de la ansiedad son los problemas de salud mental más comunes que se presentan en niños y adolescentes.
  • El trastorno hiperactivo de déficit de atención (su sigla en inglés es ADHD) es uno de los trastornos mentales más comunes en niños y adolescentes. Afecta aproximadamente al 4,1 por ciento de los jóvenes entre los 9 y los 17 años en un período de 6 meses.
  • Los trastornos alimentarios, incluyendo la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa, son muy comunes entre las adolescentes y mujeres jóvenes de Estados Unidos.

Es de vital importancia saber que se puede pedir ayuda. La mayoría de los niños y adolescentes que tienen problemas de salud mental pueden regresar a sus vidas normales, si reciben el tratamiento adecuado.

En el directorio de abajo encontrará información adicional relacionada con algunos de los diversos tipos de trastornos de la salud mental que pueden afectar a niños y adolescentes, para los cuales le proveemos una breve descripción.


Glosario - Trastornos de Salud Mental

agorafobia - palabra proveniente del griego que significa literalmente "miedo a la plaza del mercado". Se trata de un trastorno de ansiedad con temor de sufrir un ataque de pánico en lugares o situaciones de los cuales puede ser difícil o avergonzante escapar.

alucinaciones - fuerte percepción de un evento u objeto que no ocurre en la realidad en el momento presente; puede involucrar cualquiera de los sentidos (es decir, el visual, auditivo, gustativo, olfatorio o táctil).

amenorrea - ausencia o cese de los ciclos menstruales.

anorexia nerviosa (También llamada anorexia.) - trastorno alimentario en el que los individuos se privan intencionalmente de comida. Causa una extrema pérdida de peso, que el Instituto Nacional de la Salud Mental (National Institute of Mental Health, su sigla en inglés es NIMH), que forma parte de los Institutos Nacionales de la Salud (National Institutes of Health, su sigla en inglés es NIH) define como un peso corporal de por lo menos un 15 por ciento por debajo del peso normal.

atracones - patrón destructivo de comer en exceso que adoptan las personas que tienen bulimia nerviosa.

autoestima - sentimientos acerca de uno mismo.

comportamiento suicida - acciones realizadas por la persona que está pensando o planeando su propia muerte.

delirio - percepción considerada como verdadera por quien la percibe, a pesar de ser errónea. Existen varios tipos de delirio (por ejemplo, delirios de grandeza).

depresión - trastorno depresivo caracterizado por sentimientos extremos de tristeza, falta de autoestima y desaliento.

depresión grave (También llamada depresión clínica o depresión unipolar.) - tipo de trastorno afectivo o trastorno del estado de ánimo que supera los altibajos cotidianos, convirtiéndose en una seria condición médica y un importante tema preocupante de la salud en este país.

distimia (También llamada trastorno distímico.) - tipo de trastorno afectivo o del estado de ánimo que a menudo se parece a una forma de depresión grave (clínica) menos severa, pero más crónica. Sin embargo, las personas que tienen distimia también pueden experimentar a veces episodios de depresión grave.

enfermero psiquiátrico - enfermero clínico capacitado en enfermería especializada en salud mental psiquiátrica con título de Master. El enfermero psiquiátrico está capacitado educativa y clínicamente en psicopatología, terapia individual, de grupo y familiar, y en intervención en casos de crisis.

esquizofrenia - uno de los trastornos más complejos de la salud mental; consiste en una perturbación severa, crónica y discapacitante del cerebro.

euforia - sensación de júbilo o bienestar que no está basada en la realidad y por lo general es exagerada.

fobia - temor incontrolable, irracional y persistente ante un objeto, situación o actividad específicos.

fobia específica - tipo de fobia caracterizado por un gran temor a un objeto o situación que, en condiciones normales, no es peligroso.

fobia social - trastorno de ansiedad en el que el individuo siente ansiedad e incomodidad significativas relacionadas con el miedo de verse en situaciones avergonzantes, humillantes o de ser víctima de burlas en situaciones sociales o al actuar en público.

ilusión - percepción falsa; confundir algo por lo que no es.

intento de suicidio - acción orientada a quitarse la vida que no logra provocar la muerte.

manía - trastorno del estado de ánimo que puede caracterizarse por gran júbilo, impulsividad, irritabilidad, rapidez al hablar, nerviosismo, distracción y, o falta de sentido común.

medicina de la adolescencia - subespecialidad de la medicina pediátrica orientada a brindar asistencia médica a pacientes adolescentes y al tratamiento de los problemas médicos que son comunes durante la adolescencia.

neurotransmisores - sustancias químicas del cerebro que regulan otras sustancias químicas del cerebro.

pensamiento suicida - ideas de suicidio o deseo de quitarse la vida.

purgación - las personas que tienen bulimia nerviosa adoptan un patrón destructor para eliminar de su cuerpo el exceso de calorías (para controlar su peso) mediante el vómito, el abuso de laxantes o diuréticos, enemas y, o la práctica obsesiva de ejercicio físico, un proceso denominado purgación.

sicólogo - especialista en el estudio de la estructura y funcionamiento del cerebro y los comportamientos o procesos mentales afines. Un psicólogo puede realizar una evaluación, pruebas y tratamiento psicológicos, pero no puede recetar medicamentos.

siquiatra - médico acreditado (en medicina u osteopatía) que se especializa en la evaluación, diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales. Su capacitación médica y psiquiátrica los prepara para tratar a niños y adultos en forma individual, como integrantes de una familia o en grupo. Los psiquiatras pueden recetar medicamentos, si es necesario.

siquiatra de niños y adolescentes - médicos acreditados (en medicina u osteopatía) que se especializan en la evaluación, diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales en niños y adolescentes. Su capacitación médica y psiquiátrica con niños y adolescentes los prepara para tratar a niños y adolescentes en forma individual, como integrantes de una familia o en grupo. Los psiquiatras de niños y adolescentes pueden recetar medicamentos, si es necesario.

síndrome de Tourette (su sigla en inglés es TS) - trastorno de tic nervioso caracterizado por movimientos involuntarios repetidos y sonidos vocales incontrolables. Este trastorno suele comenzar durante la niñez o en los primeros años de la adolescencia.

síndrome maníaco depresivo (También llamado trastorno bipolar.) - tipo de trastorno afectivo o trastorno del estado de ánimo que va más allá de los altibajos cotidianos. El síndrome maníaco depresivo se caracteriza por episodios periódicos de gran júbilo, con ánimo eufórico o irritabilidad (episodios que constituyen la fase maníaca) a los que se contraponen episodios también periódicos de síntomas depresivos clásicos.

suicidio - acto intencional de quitarse la vida.

terapia electroconvulsiva (su sigla en inglés es ECT) - procedimiento que causa una convulsión breve mediante el paso de una corriente eléctrica a través del cerebro; se usa para tratar algunos trastornos mentales.

trastorno afectivo (También llamado trastorno del estado de ánimo.) - categoría dentro de los problemas de la salud mental que incluye los trastornos depresivos.

trastorno afectivo estacional (su sigla en inglés es SAD) - trastorno del estado de ánimo caracterizado por depresión en relación con una determinada estación del año, especialmente el invierno.

trastornos alimentarios - comportamientos alimentarios anormales.

trastorno de ansiedad generalizada (su sigla en inglés es GAD) - trastorno mental que provoca en quienes lo padecen preocupación y tensión crónicas y exageradas que no parecen tener causa justificada. Las personas que padecen este trastorno suelen preocuparse en exceso por la salud, la situación económica, la familia o el trabajo, y temen de continuo que ocurran catástrofes.

trastorno de atracones compulsivos - trastorno que se parece a la bulimia nerviosa y se caracteriza por episodios de atracones descontrolados (comilonas). Sin embargo, se diferencia de la bulimia porque quienes lo padecen no purgan su cuerpo del exceso de comida mediante el vómito ni el abuso de laxantes o diuréticos.

trastorno de estrés postraumático (su sigla en inglés es PTSD) - condición debilitante que a menudo se presenta después de algún suceso aterrador por sus circunstancias físicas o emocionales, que hace que la persona que ha sobrevivido ese suceso tenga pensamientos y recuerdos persistentes y aterradores de esa terrible experiencia. Los individuos que tienen PTSD se sienten con frecuencia paralizados emocionalmente de forma crónica. Anteriormente este trastorno se denominaba "neurosis de guerra".

trastorno de pánico - se caracteriza por ataques de pánico crónicos, repetidos e inesperados, episodios de temor abrumador de encontrarse en peligro sin una causa que lo justifique. En los intervalos entre un ataque de pánico y otro, las personas que padecen trastorno de pánico se preocupan excesivamente por cuándo y dónde volverán a experimentar el próximo ataque de pánico.

trastorno de la personalidad antisocial - las personas que tienen este trastorno típicamente no tienen en cuenta los sentimientos, propiedad, autoridad y respeto hacia los demás en busca del propio beneficio. Esto puede incluir acciones violentas o agresivas que afectan o implican a otros individuos, sin un sentimiento de remordimiento ni culpabilidad por sus actos destructores.

trastorno de la personalidad de evitación - las personas que tienen este trastorno son hipersensibles ante el rechazo y, por lo tanto, evitan las situaciones que pueden generarles conflicto. Esta reacción es impulsada por el temor; sin embargo, las personas que tienen personalidad de evitación se sienten perturbadas por su propio aislamiento social, su retraimiento y su incapacidad de mantener vínculos interpersonales estrechos.

trastorno de la personalidad dependiente - las personas que tienen este trastorno dependen excesivamente de los demás para su validación y para la satisfacción de sus necesidades básicas. Además de no ser capaces de cuidar de sí mismos correctamente, a las personas que tienen personalidad dependiente les falta confianza en sí mismos y seguridad, y tienen dificultad para tomar decisiones.

trastorno de la personalidad esquizoide - las personas que tienen este trastorno suelen ser frías, distantes, introvertidas y tener un gran temor a la intimidad y los vínculos estrechos. Las personas que tienen personalidad esquizoide permanecen tan absortas en sus propios pensamientos y fantasías que se autoexcluyen de los vínculos con la realidad y otras personas.

trastorno de la personalidad esquizotípica - similar al trastorno de la personalidad esquizoide; las personas que tienen este trastorno suelen ser frías, distantes, introvertidas y tener un gran temor a la intimidad y los vínculos estrechos. Sin embargo, las personas que tienen personalidad esquizotípica también presentan trastornos del pensamiento, de la percepción y habilidades ineficaces de comunicación. Muchos síntomas del trastorno de la personalidad esquizotípica se parecen a los de la esquizofrenia, pero son más leves y menos intrusivos.

trastorno de la personalidad histriónica - las personas que tienen este trastorno están demasiado preocupadas por su aspecto, constantemente buscan atención y a menudo se comportan dramáticamente en situaciones que no justifican ese tipo de reacción. Las expresiones emocionales de las personas que tienen personalidad histriónica suelen ser consideradas superficiales y exageradas.

trastorno de la personalidad limítrofe - las personas que tienen este trastorno presentan inestabilidad en la percepción de sí mismas y tienen dificultad para mantener relaciones estables. Sus estados de ánimo también pueden ser inconstantes, pero jamás neutros, y su sentido de la realidad siempre se percibe en "blanco y negro". Las personas que tienen personalidad limítrofe a menudo creen que los cuidados que recibieron durante la infancia fueron insuficientes y, por consiguiente, buscan incesantemente más atención de los demás en su etapa adulta. Esto lo pueden lograr manipulando a los demás, lo cual a menudo los deja sintiéndose vacíos, enojados y abandonados, sensación que puede llevarlos a un comportamiento desesperado e impulsivo.

trastorno de la personalidad narcisista - las personas que tienen este trastorno presentan sentimientos excesivamente exagerados de autovaloración, grandiosidad y superioridad en relación con los demás. Las personas que tienen personalidad narcisista suelen explotar a las personas que no los admiran y son demasiado sensibles a las críticas, juicios de valor y fracasos.

trastorno de la personalidad obsesivo-compulsiva - las personas que tienen este trastorno se muestran inflexibles ante el cambio y se molestan si la rutina se ve alterada debido a su obsesión por el orden. Por consiguiente, son ansiosas y tienen dificultad para completar las tareas y tomar decisiones. Las personas que tienen personalidad obsesivo-compulsiva suelen sentirse incómodas en situaciones que están fuera de su control y como consecuencia de ello tienen dificultad para mantener relaciones interpersonales positivas y sanas.

trastorno de la personalidad paranoica - las personas que tienen este trastorno suelen ser frías, distantes e incapaces de generar vínculos interpersonales estrechos. A menudo son demasiado desconfiadas de su entorno, pero injustificadamente, generalmente no pueden apreciar su propia función en las situaciones de conflicto y suelen proyectar sus sentimientos de paranoia en forma de enojo hacia los demás.

trastorno del estado de ánimo (También llamado trastorno afectivo.) - categoría dentro de los problemas de la salud mental que incluye los trastornos depresivos.

trastorno hiperactivo de déficit de atención (su sigla en inglés es ADHD) - trastorno del comportamiento, normalmente diagnosticado por primera vez en la infancia, que se caracteriza por la falta de atención, impulsividad y, en algunos casos, hiperactividad.

trastorno obsesivo compulsivo (su sigla en inglés es OCD) - trastorno de ansiedad en el cual quienes lo padecen tienen un pensamiento, temor o preocupación irracional que tratan de superar mediante una actividad ritual para reducir su ansiedad. Las imágenes o pensamientos perturbadores y frecuentes se denominan obsesiones y los rituales que se llevan a cabo para evitarlos o disiparlos se llaman compulsiones.


El origen del "déjà vu"


Un estudio halla el mecanismo mental que produce este conocido fenómeno asociado a aspectos poco científicos

Quién no ha tenido alguna vez la sensación de reconocer aquello que vemos o vivimos por primera vez como si lo hubiéramos visto o vivido anteriormente. Es el llamado "déjà vu", que siempre se ha asociado a algo misterioso y cuyo origen se ha tratado de explicar de multitud de maneras, algunas con connotaciones paranormales. Estudios recientes han ido afirmando, sin embargo, que este fenómeno no se trata de una simple interferencia en nuestra memoria. Investigadores estadounidenses afirman ahora que todo podría explicarse a través del reconocimiento de los recuerdos.

El fenómeno mental del "déjà vu" (en francés "ya visto") puede aparecer en individuos sanos o asociado a un trastorno mental. Sea cual sea su origen, aún muy discutido, éste se ha relacionado tradicionalmente, quizás por desconocimiento, con fenómenos paranormales. Son teorías que se han apagado en favor de estudios llevados a cabo en los últimos años cuyos resultados afirman su posible origen cerebral. Ahora, una investigación reciente aporta nuevos datos. Publicado en "Current Directions in Psychological Science", el estudio, de la Universidad de Colorado (EE.UU.), muestra las muchas similitudes que existen entre el "déjà vu" y la comprensión de la memoria del reconocimiento.

La importancia del reconocimiento

La memoria del reconocimiento es la que nos permite comprender que aquello que estamos experimentando en un momento determinado ya lo hemos experimentado en una ocasión anterior, como cuando reconocemos a un amigo por la calle o escuchamos nuestra canción favorita por la radio. El cerebro fluctúa entre dos tipos de reconocimiento de la memoria: la recuperación y la familiaridad.

La recuperación se da cuando podemos precisar o señalar un instante o momento cuando sucede algo que ya ha ocurrido con anterioridad: ver a un individuo que nos resulta familiar comprando en una tienda cuando antes lo hemos visto en el autobús. El reconocimiento basado en la familiaridad ocurre cuando una situación nos resulta familiar, pero no recordamos cuándo pasó: la misma persona que vemos en la tienda, pero en este caso no podemos recordar dónde le vimos con anterioridad. El "déjà vu" podría ser, por tanto, una muestra de este tipo de reconocimiento basado en la familiaridad: durante el fenómeno, estamos convencidos de que reconocemos la situación, pero no estamos seguros del motivo.

Por este motivo, Anne M. Cleary, investigadora principal del estudio, basó su experimento en relacionar el fenómeno del "déjà vu" con la memoria del conocimiento y la familiaridad. Y los resultados mostraron una fuerte conexión. Se dio a varios voluntarios una lista con nombres de celebridades. Después se les mostró una colección de fotografías (algunas de ellas coincidían con la lista y otras no). Se les pidió que relacionaran dichas imágenes con los nombres de la lista anterior, así como que señalaran la probabilidad de haber leído el nombre de los personajes en la lista.

Los resultados mostraron que, incluso cuando los participantes no podían identificar a la celebridad por la fotografía, tenían la sensación de haber visto el nombre del personaje de dicha imagen. El experimento repetido una segunda vez con lugares conocidos dio el mismo resultado. Lo más curioso es que los voluntarios no podían identificar, en la mayoría de los casos, por qué ese famoso les resultaba familiar.

Recuerdos vagos

Los hallazgos de este estudio afirman que los acontecimientos y episodios de nuestras experiencias se almacenan en nuestra memoria como elementos o fragmentos individuales. Pero se acumulan de forma vaga, de manera que nos es imposible conectarlas a nuevas experiencias. Así, el "déjà vu" puede darse cuando ciertos aspectos concretos de una situación corriente se asemejan a los de acontecimientos anteriores, lo que puede producir un fuerte sentimiento de familiaridad. Es una conexión débil, sin embargo, lo que no nos permite recordar con certeza.

Debido a esta clara relación entre los mecanismos del reconocimiento basado en la familiaridad y el "déjà vu", Cleary concluye que este tipo de mecanismos y los métodos de laboratorio que se usan para estudiarlos podrían ser "muy útiles para elucidar los procesos que subyacen en las experiencias 'déjà vu'".

Un fenómeno común

La sensación de "déjà vu" aparece, habitualmente y sin consecuencias, en personas sin ninguna enfermedad, como un fenómeno aislado y sin periodicidad. Los últimos datos sugieren que entre el 60% y el 70% de la población lo ha sufrido alguna vez, sobre todo entre los 15 y 25 años. Por norma general, el episodio es breve y, salvo contadas ocasiones, no dura más que escasos minutos o segundos. No se refiere sólo a un lugar geográfico sino también a una situación, que se la interpreta como vista o vivida.

Pero el "déjà vu" puede aparecer también en diversas patologías, entre las cuales la más frecuente es la epilepsia del lóbulo temporal (EPL), que es el tipo más común y más resistente a los fármacos en seres humanos. En esta enfermedad, la sensación de "déjà vu" acostumbra a presentarse como preludio de la crisis convulsiva (aura).

Un estudio elaborado en la Universidad de Leeds (Reino Unido), en 2006, ya hablaba de personas que vivían la experiencia de este fenómeno como una enfermedad como tal, al presentarse de forma crónica. Quienes experimentan el "déjà vu" de forma crónica expresan que el fenómeno los supera e, incluso, la sensación repetida de conocimiento anticipado provoca una severa depresión. En resumen, viven abatidos por la sensación constante de que todo les resulta familiar. Así, conocer la etiología cerebral del "déjà vu" es para muchos investigadores vital para que estas personas superen lo que puede llegar a ser una enfermedad.

Jamais vu

La mayoría de la población conoce el fenómeno del "déjà vu". No lo es tanto el llamado "jamais vu", que se puede definir como el efecto contrario al primero. Se trata de una paramnesia consistente en reconocer como extraños o irreales sitios y situaciones que son familiares. El ejemplo más claro es la sensación que se tiene cuando se centra la atención en una palabra concreta hasta que ésta pierde su significado.

Otra muestra está en los músicos, que pueden experimentar un "jamais vu" mientras siguen una partitura familiar, o la sensación de levantarse por la mañana al lado de la pareja y sentir que se está al lado de un extraño. Incluso puede ocurrir mirando fijamente algo durante un tiempo prolongado, como un paisaje, hasta el punto que empieza a parecer extraño.
Es un fenómeno hasta ahora muy poco estudiado en laboratorio. Sólo una primera investigación del año 2006 y llevada a cabo también en la Universidad de Leeds (Reino Unido) aseguraba que el "jamais vu" existe y, además, puede ser inducido. Chris Moulin, investigador principal, aseguraba tras los resultados que cerca un 60% de la población ha experimentado alguna vez en su vida un episodio de estos. El "jamais vu", según afirma, puede inducirse mediante lo que él mismo llama la "saciedad semántica", que se da cuando el cerebro se "cansa".
Es algo que ocurre cuando repetimos multitud de veces una misma palabra. "Si nos fijamos en algo el tiempo suficiente, la mente se cansa y hace perder el sentido a lo que estamos mirando", aseguraba Moulin.

Aunque se necesitan muchos más estudios, Moulin opina que el conocimiento sobre el "jamais vu" podría ayudar a los investigadores a entender algunos trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia o el delirio de Capgras (característico de la esquizofrenia), de manera que quien la padece cree que alguien conocido ha sido reemplazado por un impostor. El experto considera que este fenómeno, normal en la mayoría de la población, podría funcionar de forma anómala en este tipo de enfermedades, generando un tipo de "jamais vu" crónico.

Esquizofrenia y calidad de vida, un reto pendiente


Esta enfermedad supone tal impacto que, en muchos casos, la vida familiar, social y laboral de quien la padece no volverá a ser como antes.

La aparición de la esquizofrenia traza una frontera en la vida de los afectados y de su entorno. Asimismo, la sobrecarga que experimentan familiares y amigos cercanos en el cuidado de estos enfermos es un reto pendiente de solución por parte de las autoridades sanitarias. No obstante, existen recomendaciones y asociaciones de apoyo que pueden aliviarla.

Enfermedad crónica

Estigma social, incapacidad para trabajar, deterioro de las relaciones familiares y distanciamiento de los amigos son algunas de las consecuencias que sufren las personas con esquizofrenia. Este trastorno mental marca un punto de inflexión en la biografía de quienes van a convivir con ella desde el momento en que se manifiesta, con gran impacto en su calidad de vida. La persona que la padece se convierte en un enfermo crónico y el entorno más próximo en su cuidador.

Alrededor de un 1% de la población padece esta enfermedad, un dato similar por sexo, edad y por países. Aunque este porcentaje parezca bajo, significa que en España hay unos 400.000 enfermos de esquizofrenia y, por lo tanto, otras tantas familias afectadas.

¿Qué es la esquizofrenia?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define como persona con esquizofrenia a aquella que, sin razón aparente, muestra una conducta anómala que dura más de un mes ininterrumpidamente y que se caracteriza por distorsión de la percepción, del pensamiento y de las emociones. Los afectados creen que los demás comparten sus pensamientos, sentimientos y actos más íntimos y llegan a creerse el centro del mundo, según define la guía "Entre la incertidumbre y la esperanza. La esquizofrenia en familia", editada por la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Enfermos Mentales Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Enfermos Mentales (FEAFES).

No es un estado de "doble personalidad", ni fruto de la baja escolarización, ni el resultado de un trauma psicológico infantil, reconoce la "Guía interactiva para pacientes con enfermedades de larga duración", de Miquel Bernardo, director del Programa de Esquizofrenia del Hospital Clínic de Barcelona. Cada vez se conocen más factores relacionados con la enfermedad: hasta ahora se han identificado 15 marcadores genéticos de riesgo, aunque no son condición suficiente para sufrirla. Se sabe que la base genética de cada persona predispone a padecerla, pero no es determinante. Para que lo sea, tiene que haber un factor ambiental que la ponga en marcha.

Entre estos factores se han identificado agentes químicos (los fumadores de marihuana tienen más riesgo) y factores ambientales como la malnutrición (en China y en Holanda se observó, durante la Segunda Guerra Mundial, un aumento de casos). Aunque aún está en fase de estudio, también se ha visto que puede tener relación con alguna infección del feto durante el embarazo. Un reto de la investigación actual es conocer mejor el puzzle de los factores que la propician para poder prevenirla.

Abanico de síntomas
Los síntomas que despiertan la sospecha de los psiquiatras ante un caso de esquizofrenia son los prodrómicos o iniciales. Tener pensamientos extraños y mágicos, tender al ensimismamiento y aislamiento, timidez muy forzada, imaginación exagerada, repentinas pérdidas de interés, merma del rendimiento académico, absentismo escolar, súbito interés por temas de ocultismo y psicología o tornarse sumamente religioso pueden poner sobre aviso de que se avecina un brote psicótico, que suele manifestarse en forma de brotes o crisis, a los que sigue un periodo de remisión.

Los enfermos tienen dos grandes tipos de síntomas, los positivos y los negativos, que no significa que sean buenos y malos. Los positivos son los que las personas sanas no tienen y los negativos son conductas normales, que también forman parte de la vida de las personas sanas, y que los afectados van perdiendo. Los más "aparatosos" son los positivos, propios de las fases más graves de la enfermedad, como la agitación, el insomnio, las ideas delirantes y las alucinaciones, según las cuales los pacientes piensan que les persiguen, oyen voces o se muestran más agresivos.

En cambio, entre los síntomas negativos figura la falta de voluntad para hacer cosas sencillas, no experimentar sentimientos en ciertos casos o no tener un pensamiento coherente y fluido.

Según los síntomas que predominen, se distinguen distintos tipos de esquizofrenia. La más frecuente es la paranoide, que se caracteriza por un predominio de los síntomas delirantes y alucinaciones. Otras formas son la esquizofrenia hebefrénica o desorganizada, en la que predomina el comportamiento desinhibido (como reír sin motivo) y desorganizado sobre las alucinaciones; y la catatónica, que se define por el impacto en la psicomotricidad (gran rigidez o agitación).

De la sospecha al diagnóstico

La esquizofrenia debuta, aparentemente, con un brote psicótico habitualmente a partir de los 20 años. Actualmente se está estudiando si existe alguna relación entre antecedentes en la conducta infantil y las manifestaciones en el adulto. Aunque faltan investigaciones, se está viendo que más del 70% de los enfermos con un primer brote habrían tenido alguna manifestación previa relacionada con la enfermedad, aunque no tan llamativa como para precisar ingreso hospitalario.

A pesar de que cada vez se diagnostica en población más joven, no se está produciendo un adelanto en la aparición de los síntomas sino que la esquizofrenia se está detectando antes, según Antoni Bulbena, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital del Mar, en Barcelona. El diagnóstico se basa en síntomas y manifestaciones clínicas. Aunque no existe una prueba diagnóstica concluyente, el Servicio de Psiquiatría que dirige Bulbena utiliza de forma experimental las técnicas de neuroimagen -que permiten estudiar el cerebro- para analizar las anomalías propias de la esquizofrenia. No obstante, todavía no se emplea de forma rutinaria.

El tratamiento de la enfermedad se fundamenta en tres pilares: el uso de psicofármacos (neurolépticos o sedantes y antipsicóticos) y terapia de electroshock; la psicoterapia individual o de grupo para hacer comprender al paciente su enfermedad y ayudarle a afrontarla; y los programas de psicoeducación y de habilidades sociales para recuperar destrezas sociales.

El impacto de la enfermedad

No cabe duda de que la esquizofrenia tiene un fuerte impacto en la vida de las personas que la padecen. Un 25% suele restablecerse bastante bien, otro 25% necesita ayuda profesional y el 50% restante tiene una evolución inconstante, por la que precisan ayuda profesional y de la familia, que se convierte en un pilar básico. Debe tenerse en cuenta que la salud psíquica no es la única que se resiente. ¿Cuál es entonces el verdadero impacto de la esquizofrenia?

En la salud física

La esperanza de vida de los enfermos de esquizofrenia es un 20% menor respecto a la de la población general y pueden tener niveles elevados de colesterol, obesidad, diabetes de tipo 2 y más riesgo de infecciones como la hepatitis y el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), según un informe elaborado por la Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (AETS) a partir de 144 estudios sobre las enfermedades y causas de mortalidad de estos pacientes.

En España, este documento ha dado pie al Consenso sobre Salud Física del Paciente con Esquizofrenia, realizado por varias sociedades científicas -la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) y la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SEMFYC)- y que pide a los médicos de atención primaria más atención a la salud física del enfermo mental.

La familia

En los años 80 se inició un proceso de "desinstitucionalización psiquiátrica", consistente en dejar de mantener a los enfermos mentales confinados en los centros psiquiátricos para prestarles una atención más digna en su núcleo familiar y en la sociedad. Según esta corriente, los pacientes que viven fuera de un hospital psiquiátrico tienen mejor pronóstico. Pero para ello son necesarios recursos asistenciales alternativos, como hospitales o centros de día y pisos tutelados.

Al final, estos dispositivos asistenciales intermedios resultan insuficientes. Ésta es una de las razones por las que el peso de la atención ha recaído fundamentalmente en la familia, que ha sido "desde siempre un soporte fundamental para el cuidado de los pacientes. Cuando un miembro de la familia enferma, la vida normal desaparece para siempre y la convivencia se ve afectada al máximo", recoge la guía de FEAFES.

Las familias se encuentran en la encrucijada de ser, al mismo tiempo, el mejor remedio para que el paciente viva con normalidad. Los familiares con fatiga mental y física, agotados y estresados, difícilmente están en condiciones para atender a un enfermo mental. Por esta razón, en los últimos años se han creado programas de respiro familiar (entre ellas, FEAFES, que en España agrupa a unas 30.000 familias) con apoyos puntuales en el domicilio o con unidades a las que ingresar al paciente durante ciertos periodos de tiempo.

Entorno social y laboral

El deterioro de la vida social es otra de las graves consecuencias de la esquizofrenia. La enfermedad invita al afectado a recluirse y, de repente, deja de salir con los amigos y de frecuentar reuniones. Cada vez le resulta más difícil recuperar las relaciones sociales, y a este aislamiento se le añade el estigma social que pesa sobre las enfermedades mentales.

Una de las ideas que perjudica notablemente a estos pacientes es la estrecha relación que, tradicionalmente, se ha establecido entre esquizofrenia y violencia, aun cuando la OMS ha declarado que sólo el 3% de estas personas comete actos violentos, que en la mayoría de los casos se producen en periodos en los que no se toman adecuadamente la medicación. Pese a que hasta un 60% de los pacientes incumple el tratamiento, son muy pocos los que actúan con violencia.

A todo ello se le une el hecho de que entre un 70% y un 80% de estos pacientes está desempleado, muchos nunca han trabajado porque la enfermedad se ha manifestado antes de finalizar los estudios y otros no lo consiguen porque no se les ofrece una oportunidad, por rechazo y temor infundado. Pero no son los únicos rechazados: el 36% de los cuidadores familiares declara haberse sentido discriminado por atender a un enfermo mental, según un estudio europeo llevado a cabo entre 1994 y 1995 y analizado por Miguel Orradre, de la Asociación Navarra para la Salud Psíquica.

CONSEJOS PARA FAMILIARES Y AMIGOS

*Tomar un papel activo en la enfermedad. Los afectados están convencidos que delirios y alucinaciones son reales y creen que no precisan tratarse.
*Asegurarse de que el paciente toma la medicación. Además de sedantes incluye fármacos para no alejarse de la realidad, superar la angustia y normalizar la conducta.
*Aprender a reconocer los síntomas previos a una crisis y, si se da el caso, contactar rápidamente con el psiquiatra. Cuanto antes se le ponga tratamiento mejor es el pronóstico.
*Comprender, al inicio del tratamiento con antipsicóticos, que el paciente necesita dormir más y reconocer los efectos secundarios por los que se debe consultar al médico.
*Hablarle con frases cortas y sencillas, evitar expresiones ambiguas y no mostrarse tenso.
*Reconocer los delirios y alucinaciones como síntomas, sin discutir si son verdaderos o falsos, ya que el paciente los percibe como reales.
*Permitir al paciente aislarse algunas veces, estimularlo demasiado puede agobiarle, aunque hay que evitar sobreprotegerlo en exceso para que no pierda capacidades.
*Ser previsor ante posibles crisis, mantener preparados nombres y dosis de los medicamentos, números de teléfono y toda la información importante.
*Ayudar al paciente a recuperarse, ayudándolo a que siga una dieta sana, descanse mucho, realice ejercicio, respire aire fresco y tenga interacción social.
*Ser el cuidador informal de un enfermo mental produce mucho estrés. Buscar apoyo emocional y comprensión en grupos de apoyo suele ser de gran ayuda. Todos los afectados por una enfermedad mental -víctimas, familiares o amigos- deberían pedir ayuda.

Fuentes: Centro Psiquiátrico Harris County de la Universidad de Texas y guía "Entre la incertidumbre y la esperanza. La esquizofrenia en familia".

Síndrome de Burnout


Profesores y profesionales médicos son los principales grupos de riesgo del síndrome del quemado, una afección del entorno laboral que genera agotamiento, desmotivación y angustia.

Agotamiento progresivo, desmotivación para el trabajo y cambios repentinos del estado de ánimo con sentimientos de tristeza, pena, angustia, malestar psíquico acompañado de melancolía, pesimismo e insustancialidad. La lista resume los síntomas que el psiquiatra Herbert Freundenberger halló en 1974 en los trabajadores de una clínica para toxicómanos. Este cuadro lo bautizó como el síndrome de 'Burnout' o 'quemado por el trabajo'. Desde entonces, su expansión ha sido constante. Estudiado en el entorno sanitario, y clasificado en un primer momento como exclusivo de este grupo, más adelante se puso de manifiesto que cualquier trabajador puede verse afectado. Pese a ello, los expertos siguen señalando a los profesionales sanitarios, además de profesores y estudiantes, como personas de alto riesgo.

Esta forma de estrés crónico, que se desarrolla en contextos laborales, afecta, según diversos estudios, a unos 43 millones de trabajadores en la Unión Europea. Además, se calcula que tiene un coste directo de 20.000 millones de euros en el conjunto europeo por absentismo laboral y disminución de la producción.

El síndrome se desarrolla de forma progresiva. El primer indicio es el estrés; el sujeto se ve desbordado por el trabajo. Más tarde, aparecen síntomas como tensión, fatiga, irritabilidad y nerviosismo para terminar con trastornos conductuales y de relación en el ámbito laboral y familiar. Y aunque todas las personas están expuestas a los factores que favorecen su aparición, sólo las más vulnerables desarrollan el síndrome. Los datos señalan como individuos de mayor riesgo:

Hombres. Los estudios indican que el sexo femenino soporta mejor las circunstancias desfavorables.
Jóvenes, debido a la falta de estrategias de adaptación y enfrentamiento.
Personas con alta sensibilidad emocional, autoexigentes, idealistas y perfeccionistas, que se dedican en cuerpo y alma al trabajo.
Individuos que se marcan objetivos ambiciosos a corto plazo.
Aquéllos que no disponen de estrategias de escape frente al trabajo, interfiriendo éste en su vida privada. El síndrome registra una menor incidencia entre personas con relaciones personales estrechas (pareja, hijos o amigos)
Se han constatado, además, factores desencadenantes en el entorno laboral:

Un empleo que no se ajusta a las expectativas ni al nivel profesional del trabajador.
Incomodidad en el puesto de trabajo por malas condiciones físicas y ergonómicas. Incorporación de nuevas tecnologías con pérdida de rol personal y profesional.
Aspectos internos de organización de la empresa.
El síndrome, en su etapa final, produce tal agotamiento emocional y psíquico que aparece la despersonalización, estado en el que el afectado se siente 'separado' tanto de su entorno como de su identidad y existencia física. En estas condiciones surgen síntomas psicosomáticos, como fatiga crónica, insomnio, cefaleas o trastornos gastrointestinales; síntomas emocionales (irritabilidad, frustración, depresión, ansiedad, impaciencia o alejamiento afectivo); y síntomas conductuales como abuso de drogas (legales o ilegales), absentismo laboral, conflictos interpersonales y laborales, inseguridad, disminución del rendimiento y episodios violentos, entre otros.

Diagnóstico

El diagnóstico del Síndrome de Burnout se basa en la sintomatología y en el conocimiento de la situación laboral y de la organización de la empresa. Este último aspecto, conocido como 'salud empresarial', se escapa en muchas ocasiones al médico de familia, por lo que suele ser el médico de empresa el que está en mejores condiciones de establecer un diagnóstico adecuado. Dado que la cobertura en las empresas de especialistas en salud laboral es limitada, es habitual que no se aborden estos casos de forma integral.

Una vez diagnosticado el síndrome de 'Burnout', la terapia se orienta hacia dos niveles: individual y de grupo. Algunas compañías en que suelen darse situaciones que bien podrían favorecer la aparición de este síndrome, ofrecen recomendaciones para intentar aliviar sus consecuencias, aunque lo habitual es que sólo se fijen en el plano individual. Entre las más utilizadas, se encuentran:

Generales, dirigidas a mejorar el estado físico mediante ejercicio, alimentación adecuada y eliminación de hábitos autodestructivos
Fisiológicas, para reducir el malestar emocional y físico asociado el estrés, mediante técnicas de relajación
Cognitivas, que ayudan a reorganizar la forma de percibir situaciones estresantes, a identificar y modificar pensamientos irracionales
Conductuales, que persiguen instruir a la persona para que manifieste sus sentimientos, deseos, necesidades, entrenarle en habilidades sociales, ayudarle a identificar y resolver problemas, y adecuar comportamientos y actitudes

La Salud de Narciso

La característica más significativa de quienes consideran que ocupan el centro del mundo es la grandiosidad y la maravillosa imagen que tienen de sí mismos, hasta el límite de exagerar sus logros y esperar que se les trate de forma exclusiva

Siempre que advertimos que los rasgos de personalidad son rígidos e inflexibles hasta el punto de dificultar la adaptación del individuo a su entorno, decimos que sufre un 'trastorno de la personalidad'. Esa peculiar forma de ser le causa un malestar importante y le dificulta la satisfacción de sus necesidades y objetivos personales, sociales o laborales, desazón que se extiende también a las personas de su entorno. Así sucede con las personalidades narcisistas. Este adjetivo se nutre de la mitología clásica, ya que Narciso se llamaba el personaje que se ahogó en un estanque, extasiado de tanto contemplar su belleza reflejada en el agua.

La personalidad del Narciso

La característica más significativa de la estructura de personalidad narcisista es la grandiosidad: son sujetos que se sobrevaloran, que exageran sus logros y que esperan -y llegan a exigir- que se les trate de forma exclusiva. Las normas y convenciones sociales no están hechas para ellos sino para los demás. Por eso no dudan en saltárselas cuando están seguros de que no les traerá consecuencias y les facilitará satisfacer sus necesidades.

Consideran que son tan especiales y complejos que pocas personas pueden entenderlos. De ahí que tiendan a mirar a los demás por encima del hombro. Pero la realidad es que son ellos los que se muestran incapaces de ponerse en el lugar del otro, por lo que no muestran ningún reparo en relacionarse de forma explotadora. Se caracterizan porque siempre piden y no sienten que deban hacer o dar algo a cambio.

Paradójicamente, su autoestima es voluble y precisan de la valoración y el reconocimiento continuado sobre lo bien que hacen las cosas. Prueba de ello es que las amistades y la propia pareja deben rendirles pleitesía a través de su gratitud y valoración, y siempre escogen a rendidos admiradores para sus viajes cotidianos.

El patrón de conducta más habitual del narciso también se concreta en que a menudo suelen esconder sus sentimientos, aunque con una marcada tendencia a expresar rabia o vergüenza cuando se les critica o se conoce un fracaso, incluso a través de un contraataque feroz y destructivo. Otro sentimiento muy común en ellos (aunque no lo reconozcan) es la envidia: no pueden soportar a aquellos que han triunfado o que despiertan la admiración de los demás, y que les quitan -injustamente- protagonismo.

Como son personas que toleran muy mal la insatisfacción y los errores, se dejan llevar por una florida capacidad para la fantasía, donde exageran sus capacidades y minimizan sus defectos. En ellas siempre son los mejores y nunca fallan, pero cuando la evidencia del fracaso no les deja otra opción que la de rendirse, se suelen sentir avergonzados y vacíos, y hasta deprimirse por periodos breves, porque más pronto que tarde son capaces de activar sus estrategias racionalizadoras y de recuperarse.

Esta racionalización es su mecanismo de defensa frente al dolor de no triunfar o en caso de haber cometido una acción inaceptable: o bien derivan la culpa a los demás o distorsionan la realidad mediante la construcción de una explicación alternativa a aquélla que les causa dolor. «Han rechazado mi proyecto porque me tienen envidia» o «porque hay intereses ocultos». En su argumentario nunca admitirá que el suyo no sea un proyecto suficientemente bueno.

Es un perfil fácil de encontrar entre personas a las que, durante su infancia y adolescencia, no se les ha enseñado a cooperar, a responsabilizarse, a considerar los derechos, intereses y el bienestar de los demás, en general con referentes adultos con perfil similar. Los narcisos adultos se sienten capacitados para todo, por ello no sienten la necesidad de llevar a cabo un entrenamiento previo, con lo que aumentan las posibilidades de errar. Como esta situación es muy dolorosa, se refugian en fantasías de éxito de tal manera que pueden llegar perder el contacto con la realidad y aislarse.

Las personas con este tipo de personalidad se suelen resistir a recibir un tratamiento terapéutico, excepto cuando las sesiones adoptan un cariz de reconocimiento. En este caso sólo se perpetuaría su patrón narcisista, ya que acudirían a terapia sólo por el reconocimiento obtenido. Las interpretaciones de sus conductas les llevan a padecer una fuerte tensión por los sentimientos negativos que les generan: tienen miedo a ser descubiertos en sus debilidades y no lo pueden soportar, razón por lo que suelen abandonar el tratamiento.

Estrategias de intervención

La tendencia a buscar un culpable de sus errores se puede contrarrestar por "efecto del modelado": si el terapeuta o la persona que convive con el narciso asume los errores, el paciente aprende -de alguien a quien valora en cierto grado- que no es necesario sentirse incómodo por haber cometido pequeños fallos ni buscar culpables que reduzcan el malestar.
A través de la terapia de pareja o familiar una persona narcisista puede aprender a negociar con los demás y a entender sus necesidades, así como desarrollar formas adecuadas de promover el reconocimiento de la pareja o los hijos.
Frente a su hipersensibilidad a la evaluación y la crítica, podemos ayudarle si conseguimos que afronte estas situaciones de forma progresiva y graduada a través de comentarios de baja intensidad y en un marco mayor de reconocimiento («el trabajo que has desarrollado ha sido espectacular, aunque pienso que lo mejoraría aún más si...»), o haciendo que sea él mismo quien realice esa crítica sobre su trabajo («¿se te ocurre alguna forma más de mejorar?»).
Para corregir su tendencia a los pensamientos dicotómicos (o está perfecto o es una basura), hay que enseñarle a valorar lo que está bien y mal. Es el paso de esta expresión: «la paella ha salido fatal», -con independencia de quien la haya cocinado- a la siguiente: «tiene muy buen gusto, pero le sobra sal».
Resultan muy útiles las intervenciones paradójicas que redirigen la patología contra sí misma, creando un círculo sin salida: si le ayudamos a que perciba el sentimiento de grandeza como una necesidad, ésta entra en conflicto con su autoimagen de fortaleza.

Los pensamientos de Narciso

Si pudiéramos 'escuchar' los pensamientos más característicos de las personas narcisistas, nos encontraríamos con afirmaciones que sonarían así:

"Soy una persona muy especial".
"Puesto que soy superior, tengo derecho a un trato y privilegios especiales".
"A mí no me obligan las reglas que valen para los demás".
"Es muy importante obtener reconocimiento, elogio y admiración".
"Si los demás no respetan mi estatus, deben ser castigados".
"Todos deben satisfacer mis necesidades".
"Es intolerable que no se me tenga el debido respeto o que no consiga aquello a lo que tengo derecho".
"Las otras personas no merecen la admiración o la riqueza que tienen".
"Las personas no tienen ningún derecho a criticarme".
"Mis necesidades están por encima de las de cualquier otro".
"Sólo me comprenden las personas tan inteligentes como yo".

Depresión: no bajar nunca la guardia


El médico de atención primaria debe asegurar una 'alianza terapéutica' con el paciente para que acuda a la consulta y tome la medicación prescrita

La mejoría de la depresión puede ser un arma de doble filo. Denota cuándo un paciente se está recuperando de esta grave enfermedad mental, pero también es el momento en que los afectados con ideaciones suicidas tratan de atentar contra su propia vida. Los médicos de atención primaria deben intentar descubrirlos en su consulta y orientarlos para evitar estas muertes prematuras.

La depresión afecta entre un 10% y un 15% de la población mundial, al menos una vez a lo largo de su vida, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esto significa que el número de personas deprimidas alcanzaría los cuatro millones de personas, lo que implica que el número de psiquiatras y psicólogos es insuficiente para atender esta enfermedad mental. Por fortuna, los médicos de atención primaria están capacitados para atenderlas y tratarlas.

Más que tristeza
La mayoría de afectados por la depresión presentan un cuadro caracterizado por el desánimo, la apatía y la tristeza profunda. En ese estado apenas reúnen fuerzas para levantarse de la cama al día siguiente. Cuando mejoran, uno de los grandes riesgos de estos pacientes -sobre todo mujeres- es que les asalten esas ideas suicidas. De hecho, curiosamente, muchos cometen tentativas de suicidio durante la etapa de recuperación, puesto que mientras dura la fase de tristeza profunda no tienen capacidad para ello, ni siquiera para planificarlo.

Sin embargo, la fase de recuperación resulta especialmente peligrosa. En ese momento los pacientes han recobrado parte de sus fuerzas, que todavía son insuficientes para afrontar la vida con optimismo pero suficientes para planear el suicidio e, incluso, intentar llevarlo a la práctica, según José Ángel Arbesu, coordinador del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, SEMERGEN, y uno de los directores científicos del programa 'Psicopíldoras formativas en Salud Mental'.

Los médicos que forman parte de este programa se han formado en dieciocho casos de enfermedades mentales que, con frecuencia, pueden encontrarse en las consultas de primaria en la vida real. El suicidio y cómo orientar a las personas con ideaciones suicidas es uno de los casos sobre los que se ha ilustrado a estos médicos de atención primaria.

El médico de atención primaria
La empatía con el enfermo es fundamental para intentar averiguar qué pacientes desarrollan ideaciones suicidas. Así, en la entrevista clínica se recomienda al médico ir de menos a más en las preguntas íntimas y partir de temas generales para luego introducir preguntas más importantes. Ésta sería una de las múltiples formas para preguntarle acerca de los pensamientos suicidas de un modo indirecto.

Si el paciente depresivo mantiene buenos vínculos familiares y sociales es posible tratarlo desde la atención primaria con la medicación pertinente
Una vez que el médico llega a la conclusión de que el paciente tiene ideaciones suicidas, debe considerar cuál es el mejor modo de abordar su atención. En los casos de mayor riesgo, puede enviarlo al hospital. Estos casos de riesgo alto se identifican gracias al conocimiento de distintos marcadores o indicadores de riesgo de suicidio: pacientes que viven solos, con pocos vínculos sociales y familiares, problemas económicos o de adicción al alcohol, entre otros.

Todo ello debe ser valorado por el médico de atención primaria. Pero, si éste descubre que el paciente tiene buenos vínculos familiares y sociales, y nunca ha hecho un intento de autolesión, es posible tratarlo en el primer nivel asistencial con la medicación pertinente. No obstante, debe asegurarse de que llega a una 'alianza terapéutica' con el paciente, es decir, conseguir que éste le prometa acudir a la consulta y tomar la medicación que se le prescriba.

Problemas del aislamiento
Cuando el paciente vive solo, tiene problemas con el alcohol, económicos o de otra índole y sufre de aislamiento social, lo adecuado es derivarlo a una unidad de salud mental para que le atiendan los profesionales competentes en estos casos. «Lo primero que debe hacer el médico de primaria es no prejuzgar al paciente, sino escucharlo, oír sus opiniones e intentar desactivar sus creencias negativas. Pero nunca juzgarlo moralmente», advierte Arbesu.

El médico de atención primaria prescribe medicación (antidepresivos y tranquilizantes) y psicoterapia, pero también procura conectar con su entorno familiar y social para que el paciente tenga vínculos y no se quede aislado. Esta conexión con el núcleo familiar y social se considera fundamental para que el afectado por la depresión evolucione bien.

No obstante, el médico debe hablar con sus familiares para dejarles claro que no deben forzar al enfermo a hacer cosas que no desea o para las que no tiene fuerzas. Es posible que la familia, con la mejor de sus voluntades, intente sacarlo de casa o promover actividades con él a las que no habría que obligarle, al menos durante la fase de tristeza, apatía y desesperanza propia de la depresión. Más adelante, sí que se puede intentar programar actividades que le ayuden a salir de la apatía.

Tópicos del suicidio
Cuando se habla de suicidio son varios los tópicos que de inmediato surgen en los diferntes ámbitos, muchos de ellos, falsos. El más extendido es que si se habla demasiado de suicidio, la población tienda a emularlo y se 'contagia', una creencia popular que es totalmente falsa, según el experto de SEMERGEN. Este especialista ha insistido en que otra creencia errónea es que el paciente depresivo profundo se suicida y el que mejora de la depresión no se suicida, cuando ocurre lo opuesto.

Aunque se tiende a decir que no se puede saber cuándo se va a suicidar un paciente y que el suicidio es imprevisible, esto no es del todo cierto. El paciente va dejando pistas elocuentes con las que se va despidiendo, como hacer el testamento. «Estos pacientes suelen acudir a las consultas y dejarnos pequeños indicios de que está pensando suicidarse, aunque los que están muy, muy deprimidos, no están capacitados para planificarlo».

INCIDENCIA

(Imagen: Marinka van Holten)
La mayoría de los pacientes con depresión tienen ideaciones suicidas, en concreto, las estadísticas revelan que lo intentan más las mujeres, aunque lo consuman más los hombres. Atentar contra la propia existencia es un acto más común en las edades medias de la vida, aunque también se percibe un riesgo elevado en las personas mayores que viven solas, con pocos vínculos familiares (por viudedad) y sociales. En Europa, el país donde se registran más suicidios es Finlandia, cuya tasa es de 37,9 por 100.000 habitantes, según datos de 2002 difundidos por la OMS.

Las tasas más altas de suicidio corresponden a los países nórdicos, mientras que las más bajas se encuentran en los países latinos y mediterráneos. Se considera una tasa baja alrededor de 5 casos por 100.000 habitantes. En España la provincia que tiene una mayor tasa de suicidio es Lugo, donde este acto se sitúa entre 15 y 30 casos por 100.000 habitantes.