La felicidad radica, ante todo, en la salud.
(George William Curtis)

La salud es la unidad que da valor a todos los ceros de la vida.
(Bernard Le Bouvier de Fontenelle)

No cambies la salud por la riqueza, ni la libertad por el poder.
(Benjamin Franklin)

La felicidad para mi consiste en gozar de buena salud, en dormir sin miedo y despertarme sin angustia.
(Françoise Sagan)

LA INFLUENCIA DE LOS MEDICAMENTOS EN LA SEXUALIDAD

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Muchos medicamentos a los que con frecuencia se les achacan efectos sexuales adversos se utilizan para tratar enfermedades que por sí mismas pueden producir alteraciones en la esfera sexual. Los antihipertensivos y los psicofármacos se han relacionado con estas alteraciones, pero la impotencia es frecuente en pacientes hipertensos, incluso sin tratar, y la incidencia de trastornos sexuales en pacientes psiquiátricos no tratados puede alcanzar al 70%.

También las disfunciones sexuales son más frecuentes entre la población enferma que entre la sana, y la edad influye negativamente en el rendimiento sexual, lo mismo que el alcohol y el tabaco. El hecho de que muchos pacientes sepan que algunos fármacos pueden afectar su sexualidad puede llegar a provocar esos efectos.

La fisiología de la respuesta sexual, con matices, parece ser similar en ambos sexos, por lo que en teoría los fármacos afectan de forma muy parecida al hombre y a la mujer. No obstante, la respuesta sexual de cada persona es variable y la influencia que los fármacos pueden ejercer sobre ella depende de la dosis y duración del tratamiento, de la acción de otros medicamentos tomados de manera simultánea y de diversos factores físicos (integridad de los órganos sexuales, suficiencia hormonal y función vascular y neurológica) y psicológicos. Así, un fármaco puede ser tolerado por un paciente y en otro, por el contrario, causar problemas sexuales.

En general, el trastorno sexual inducido por los medicamentos suele remitir cuando se reduce la dosis o se retira la medicación. El comienzo de las alteraciones puede suceder pasadas unas horas, semanas e incluso meses, desde el inicio de la toma del medicamento o del incremento de su dosificación.

De los fármacos a los que se les ha achacado efectos sobre la esfera sexual destacan los siguientes:

- Fármacos utilizados para el tratamiento de la hipertensión arterial (antihipertensivos). Entre ellos, los diuréticos tiazídicos pueden provocar disminución del deseo sexual, disfunción eréctil y disminución de la lubricación vaginal. Los betabloqueantes pueden generar alteraciones en la libido, así como de la función eréctil. Los antihipertensivos de acción central (clonidina, metildopa), cada vez más en desuso, pueden disminuir la libido y provocar alteraciones en la eyaculación (retrógrada y retrasada) y ginecomastia. En el campo del tratamiento de la hipertensión es bueno comentar que los medicamentos más utilizados -IECAS, ARA II y calcioantagonistas- carecen de efectos sexuales adversos.

- Medicamentos indicados para los trastornos mentales. Los antipsicóticos, utilizados para trastornos mentales severos como paranoias, psicosis o esquizofrenia, se han vinculado con la producción de alteraciones sexuales, disfunción eréctil o eyaculatoria y, en menor grado, disminución de la libido y aún con menor frecuencia aumento de la libido y priapismo, que consiste en una erección persistente y a veces dolorosa que se presenta a menudo sin estimulación sexual y que requiere atención médica urgente. Estos efectos suelen ser dosis-dependientes (sólo aparecen cuando se está tomando la medicación), salvo en el caso del priapismo, y se relacionan con cualquier tipo de antipsicóticos. En la mujer, además del descenso de la libido, puede provocar alteraciones menstruales.

Los antidepresivos se han relacionado con trastornos sexuales que pueden afectar a cualquiera de las fases de la función sexual. En relación a los fármacos antiparkinsonianos se han notificado casos aislados de aumento de la libido e hipersexualidad en pacientes tratados con levodopa y cabergolina. El efecto parece ser dosis-dependiente y reversible.

No es común el perjuicio de la función sexual por el uso de tranquilizantes mayores, y entre los menores, las benzodiacepinas pueden disminuir la libido, aunque en algunos pacientes la disminución de la ansiedad que les causan estos fármacos favorece la función sexual.

En cuanto a los tratamientos hormonales, destacamos que los esteroides anabolizantes, corticosteroides y estrógenos disminuyen los niveles de testosterona, lo que provoca disminución de la libido e impotencia, y los andrógenos, además de los efectos comentados en el hombre con problemas de próstata, pueden producir atrofia testicular y ausencia de espermatozoides en el semen (azoospermia). Los estrógenos, utilizados como método contraceptivo en la terapia hormonal sustitutiva o en algunos cánceres (sobre todo de mama y próstata) pueden producir en la mujer tanto incremento como disminución de la libido, y disminución de la libido e impotencia en el hombre.

La cimetidina, muy utilizada en tiempos pasados para el tratamiento de la hipersecreción gástrica y hoy en desuso, puede producir disminución del deseo sexual, impotencia y ginecomastia (desarrollo mamario excesivo en el hombre) que se explica por la disminución de los niveles de testosterona. Los fármacos más empleados como famotidina, ranitidina y omeprazol no parecen tener dicho efecto.

La fructosemia, una intolerancia hereditaria

Alimentos como las frutas, los zumos y los productos que contengan azúcar, fructosa y sorbitol, están contraindicados en esta enfermedad.

Hay personas que no comen fruta porque no les agrada su sabor o no les gusta su textura. Hay otras, sin embargo, que no las comen porque son alimentos contraindicados para su salud. La fructosa de la fruta, el azúcar natural del que deriva el nombre de este grupo de alimentos y les da el sabor dulce, les resulta tóxico. La intolerancia hereditaria a la fructosa es un trastorno metabólico que se diagnostica en el lactante cuando comienza con la toma de las frutas o de cereales comerciales que llevan azúcar añadido.
En la fructosemia, enfermedad congénita del metabolismo, se conocen dos defectos genéticos del metabolismo: la intolerancia hereditaria por déficit de la enzima fructosa-1-fosfato aldolasa y la fructosuria esencial o benigna, por carencia de la enzima fructoquinasa. Este segundo caso es un trastorno benigno que se desarrolla sin síntomas y no requiere de ningún tratamiento específico. Sin embargo, en el primer caso de intolerancia es preciso eliminar de la dieta todos los alimentos que contengan en su composición fructosa, sacarosa (glucosa y fructosa) y sorbitol.

La fructosa es un tipo de azúcar y, en la dieta, procede de la fructosa libre de los alimentos o del metabolismo de la sacarosa y del sorbitol. La fructosa se encuentra en estado natural en las frutas (20-40%) y sus derivados, como zumos, en la miel (20-40%), en las verduras (1-2%) y en otros vegetales como legumbres y semillas. La fructosa se emplea también como edulcorante en numerosos alimentos procesados (zumos, mermeladas, galletas, dulces, bollería o repostería), ya que es más dulce que la sacarosa o azúcar común y, por ello, se necesita añadir menos cantidad. El resultado es un producto dulce pero menos energético.

También se comercializa fructosa granulada, al igual que el azúcar común, o líquida, para utilizarse como endulzante. A nivel industrial, uno de los edulcorantes más empleados en la fabricación de repostería y dulces es el jarabe de maíz, rico en fructosa. Esto obliga a leer con detenimiento el etiquetado de los productos si se tiene duda de su composición.

La sacarosa conocida como azúcar común es el endulzante por excelencia. En la dieta se encuentra como azúcar de cualquier tipo (azúcar blanquilla, moreno, integral, de caña, de remolacha, glasé, etc.), en forma de jarabe (incluidos los que se emplean como medicamento) y añadido a numerosos productos dulces (mermeladas, bollería, galletería, cereales de desayuno, néctares, zumos, chucherías, bombones, postres dulces, refrescos y otras bebidas azucaradas, caramelos, chicles, entre otros).

Conviene saber que la sacarosa se encuentra de manera natural en la fruta (1-2%), en los zumos de frutas, y en muchas verduras y plantas (1-6%). En el calabacín, por ejemplo, predomina la fructosa mientras que en la zanahoria abunda la sacarosa. En la remolacha, el contenido de glucosa y fructosa es inferior a un 1%, mientras que el de sacarosa es del 8%. El pimiento o la cebolla contienen alrededor de un 2% de glucosa y fructosa, y la cebolla también tiene algo de sacarosa, ausente en el pimiento.

Aunque la sacarosa se reconozca como un ingrediente básico en alimentos dulces, hay muchos otros alimentos salados que la incorporan como aditivo con el fin de corregir la acidez, el punto de sal o el sabor en general. Es importante leer la lista de ingredientes de salsas, sopas, galletas saladas de aperitivo o carnes enlatada, ya que pueden llevar añadida la sacarosa, aunque no se aprecie el esperado sabor dulce en estos alimentos.
Vegetales a controlar

Algunos vegetales, además de contener fructosa y sacarosa, son fuente de fructo-oligosacáridos, un tipo de fibra soluble compuesta por moléculas de fructosa. Estos compuestos destacan en variedad de hortalizas como puerro, cebolla, espárrago, ajo, alcachofa y tomate. La rafinosa y la estaquiosa son carbohidratos complejos que contienen fructosa en su composición y se encuentran en legumbres, de ahí que también haya que controlar la cantidad a ingerir de todos estos alimentos.

Por otra parte, el contenido de fructosa y sacarosa en las plantas depende de su recogida, de su estado de maduración y del tiempo de almacenamiento. Por ejemplo, las patatas nuevas concentran más cantidad de fructosa (0,6 g/100 g) que las patatas viejas (0,25 g/100 g), y este aspecto habrá que tenerlo en cuenta a la hora de planificar la dieta. El cocinado produce una pérdida de azúcares libres, y esta es la razón que justifica la recomendación de comer más vegetales cocinados que crudos, ya que contienen menos fructosa.
Sorbitol, aditivo tóxico

El sorbitol se halla en los chicles y caramelos sin azúcar. Su añadidura como aditivo endulzante es muy común en estos y otros alimentos dulces, si bien, también se encuentra de manera natural en frutas y verduras. En muchos productos se incluye en la lista de ingredientes "aditivos saborizantes" sin especificar la naturaleza, por lo que también se tendrán que evitar, ya que pueden ser fuente de los azúcares tóxicos. Un ejemplo es el azúcar invertido, un aditivo saborizante que se obtiene a partir de la hidrólisis ácida de la sacarosa.

El consumo por parte de los afectados de cualquiera de los azúcares tóxicos -fructosa, sacarosa y sorbitol- ocasiona hipoglucemia (niveles bajos de azúcar en sangre) y daño hepático progresivo. Es por ello que el tratamiento de esta enfermedad congénita es exclusivamente dietético y estricto, y se ha de mantener de por vida. Las fuentes dietéticas alternativas de azúcares en las personas afectadas por esta enfermedad son la glucosa, que se puede usar como sustituto del azúcar, la lactosa de la leche y los derivados, y los almidones.
DIAGNÓSTICO PRECOZ

Esta enfermedad, incluida en el grupo de metabolopatías, está causada por un defecto genético del metabolismo de la fructosa. En consecuencia se producen cantidades anormales de las enzimas implicadas en el metabolismo y aprovechamiento de este nutriente. Estos productos metabólicos se acumulan en el organismo por encima de determinados niveles y resultan tóxicos para órganos como el hígado, el riñón y el intestino delgado.

En términos generales, los trastornos congénitos del metabolismo se diagnostican durante los primeros días o meses de vida del lactante. En el caso de la intolerancia hereditaria a la fructosa, los síntomas aparecen cuando se comienza con la alimentación complementaria, al iniciar la papilla de las frutas o cuando se le da cereales comerciales, leche o yogures que lleven añadido azúcar (sacarosa). Los síntomas agudos en el lactante son vómitos e ictericia, y la gravedad del daño orgánico dependerá de la cantidad de fructosa ingerida. A veces, este cuadro clínico se acompaña de anorexia entendida como pérdida de apetito con particular rechazo a lo dulce, retraso de crecimiento, y afectación renal y hepática.

La ingesta diaria procedente de cualquiera de las fuentes tóxicas de azúcar se establece en 1-2 gramos al día, aunque no hay un acuerdo unánime en la comunidad científica ni sobre la cantidad de fructosa a ingerir, ni sobre la composición de la dieta óptima en relación a los alimentos permitidos. Los objetivos del tratamiento dietético son, una vez controlados todos los alimentos contraindicados, prevenir la hipoglucemia. Para ello conviene evitar los ayunos prolongados y realizar consumos frecuentes de alimentos ricos en almidones como el pan o los copos de cereales al natural.

Interacciones entre zumos de frutas y medicamentos

El consumo de algunos jugos inhibe la acción de los fármacos e interfiere en el proceso de curación.

El verano es una de las épocas del año en la que más bebidas se consumen. Por este motivo, conviene que quienes toman determinados fármacos conozcan su efecto contraproducente si, al mismo tiempo, se ingieren ciertos zumos. Esta interacción es de especial interés, dentro del extenso abanico de combinaciones positivas y negativas que se dan entre el consumo de alimentos y la medicación. Los componentes de algunas frutas y sus zumos dificultan la actividad de diversos fármacos como los anticoagulantes, que retardan la coagulación de la sangre y evitan la trombosis y la embolia. La mayor complicación de este tipo de fármacos sería la hemorragia.
Los investigadores de diversas universidades de Japón, como la Kyushu University of Health and Welfare, la Kumamoto University y la University of Miyazaki Hospital han pedido que se realice una investigación más profunda sobre este tema, que sirva de ayuda a los médicos y a los pacientes con tratamiento farmacológico. Una de las conclusiones de los diversos estudios llevados a cabo es que el zumo de piña, en especial por su contenido en bromelina, es uno de los mayores inhibidores del citrocromo P450 2C9, la principal enzima responsable del metabolismo hepático de los anticoagulantes orales, como el conocido Sintrom®.
El zumo y la pastilla

Conviene tener presente durante estos meses de calor que la hidratación puede influir de manera negativa sobre el efecto de los medicamentos. El agua, los refrescos, la cerveza y los zumos de frutas se toman con mayor frecuencia. Según los últimos datos publicados en el año 2007 por el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM), la media anual nacional de consumo de zumo y néctar es de 11 litros por persona.
Las cápsulas o pastillas se ingieren con algún líquido que facilite la deglución. El zumo natural o comercial es una de las bebidas elegidas con más frecuencia. Hace pocos años, un grupo de investigadores de la Universidad de Western Ontario alertó sobre el peligro que conlleva la mezcla de algunos medicamentos con zumos de frutas, entre los que se encuentran los de manzana, naranja y pomelo. Estos últimos reducen la eficacia de fármacos como la fexofenadina (antihistamínico), la etoposida (anticancerígeno), el atenolol, el celiprolol y el talinolol (betabloqueantes utilizados en la prevención de infartos y tratamiento de la hipertensión arterial), la ciclosporina (utilizada en la prevención del rechazo tras el trasplante de órganos) y algunos antibióticos. Según los investigadores, el problema está en la "pérdida de eficacia de estos tratamientos para los problemas médicos serios".
Investigación anterior a la prescripción

Conscientes de que los zumos pueden tener un potencial relevante para inhibir la acción de los medicamentos y que el consumo habitual de estas bebidas podría interferir en el proceso de curación de los enfermos, los investigadores japoneses de las universidades citadas han querido avanzar más. Con sus investigaciones tratan de ofrecer, en un futuro, una evidencia científica que permita a los médicos saber con seguridad si determinadas frutas y sus zumos son perjudiciales para el tratamiento de los pacientes.

Para afirmar que un zumo interfiere en la acción de un medicamento es indispensable localizar los componentes de la fruta que actúan sobre la sustancia en cuestión y, además, descubrir y describir su mecanismo de acción, es decir, cómo actúa el componente del zumo sobre el fármaco. Los estudios realizados en Japón se han dirigido a observar la actividad del citocromo P450 2C9, una enzima representativa por su función sobre el metabolismo (utilización, almacenamiento y eliminación) de los fármacos en el hígado.

Los zumos comerciales investigados de frambuesa, uva y mora han demostrado en el laboratorio que inhiben la actividad de esta enzima, lo que da lugar a la hipótesis de que interactúen negativamente con determinados medicamentos. El siguiente paso es describir y documentar con exactitud qué fármacos se verían afectados por la toma conjunta de estos zumos y los medicamentos. Conviene tener presente que el zumo de mora, muy rico en antioxidantes, se utiliza en Europa por sus beneficios para los riñones, la fatiga, la debilidad, la anemia e, incluso, para tratar el encanecimiento prematuro del cabello. Por otro lado, el zumo de uva es uno de los más consumidos en nuestro país, junto con los de naranja, melocotón y piña.
ZUMO DE PIÑA Y ANTICOAGULANTES

Los últimos datos del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM) reflejan que en el año 2006 los españoles bebieron 71,5 millones de litros de zumo de piña, un dato que sitúa a este zumo como el más consumido en los restaurantes, cafeterías, bares y hostelería, además de ser uno de los más apreciados en los hogares.

El año pasado, la publicación de la Japan Society for Bioscience, Biotechnology and Agrochemistry se hizo eco de las investigaciones que colocan al zumo de piña en el punto de mira por su posible efecto negativo sobre fármacos utilizados en la prevención de la trombosis o la embolia, como la warfarina (anticoagulante). Los estudios apuntan a que la bromelina (complejo enzimático) del zumo de piña, que también se vende como suplemento dietético, podría afectar a la concentración del fármaco en la sangre e impedir que éste cumpla su función.

Ante la posibilidad de que mezclar zumo de piña con anticoagulantes orales pueda ser una desventaja para los enfermos, los investigadores insisten en que sería de gran ayuda estudiar las consecuencias exactas de combinar éste y otros zumos con medicamentos.